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Ahorrar energía es un camino
eficaz e imprescindible para reducir las emisiones contaminantes de CO2 (dióxido
de carbono) a la atmósfera, y por tanto detener el calentamiento global del
planeta y el cambio climático.
Es también el camino más sencillo y rápido
para lograrlo.
Por cada kilovatio-hora de
electricidad que ahorremos, evitaremos la emisión de aproximadamente un
kilogramo de CO2 en la central térmica donde se quema carbón o petróleo para
producir esa electricidad.
Además, ahorrar energía tiene otras ventajas adicionales para el medio
ambiente, pues con ello evitamos: lluvias ácidas, mareas negras, contaminación
del aire, residuos radiactivos, riesgo de accidentes nucleares, proliferación
de armas atómicas, destrucción de bosques, devastación de parajes naturales,
desertificación.
Pero esas ventajas también alcanzan a nuestros bolsillos: cada kilovatio-hora
le cuesta al consumidor 0,13 euros (en 2001), de forma que cambiar de hábitos o
sustituir los aparatos por otros menos despilfarradores nos ahorra dinero; en
algunos casos la alternativa que proponemos puede parecer más cara, pero lo que
nos gastemos al principio lo recuperamos de manera más o menos rápida, pues
habremos reducido el gasto en energía (factura de la luz, etc.) Una vez
amortizado, comenzamos a ahorrar dinero (lo que dejamos de gastar en energía).
Todas estas ventajas se traducen por sí mismas en una mejor calidad de vida, más
aún si consumir menos energía va unido a la mejora de los servicios que ésta
nos proporciona (luz, calor, movimiento...) es decir, se trata de mejorar la
EFICIENCIA ENERGETICA. Así pondremos freno a la actual situación de
despilfarro energético: en muchas ocasiones consumimos demasiada energía, que
no necesitamos, recibiendo poco o ningún servicio y, a veces, un mal servicio e
incluso perjuicios.
Ahorrar energía es también un deber de solidaridad, si tenemos en cuenta que
cada habitante de los países desarrollados consume, por término medio, la
misma energía que 16 ciudadanos del Tercer Mundo, y que los europeos
occidentales somos responsables de la emisión de seis veces más cantidad de
CO2 que los africanos.