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El actual modelo energético está basado en
el consumo ineficiente de energía y en su producción ilimitada y siempre
creciente, principalmente a partir de fuentes de energía contaminantes,
peligrosas y no renovables, como los combustibles fósiles (carbón, petróleo,
gas...) y la energía nuclear, por lo que produce una gran variedad de impactos
negativos sobre el medio ambiente (accidentes nucleares, contaminación y
residuos radiactivos, cambio climático, lluvia ácida, mareas negras....)
En otras palabras, ante una demanda que crece
de forma natural o artificialmente estimulada, se responde aumentando la
producción de energía; el objetivo es, pues, producir más y más unidades de
energía (lo que implica más extracción de petróleo y gas.., más minería de
carbón y de uranio, construcción de más y más centrales eléctricas...),
obviando el hecho de que gran parte de esta energía se está despilfarrando
ineficazmente, y sin importar el alto coste que ello tiene para el medio
ambiente y la salud pública. Este modelo de planificación energética se
denomina ENFOQUE OFERTA.
Existe otro tipo de planificación energética fundamentalmente distinto al
anterior, que nace de la pregunta: ¿cuál es la cantidad mínima de energía
que hace falta realmente para obtener los servicios energéticos (frío, calor,
movimiento, iluminación...) que todos deseamos y necesitamos?. Este
planteamiento energético, denominado ENFOQUE DEMANDA, pretende proporcionar a
la sociedad el conjunto de servicios energéticos que hagan posible nuestro
bienestar y la realización de nuestras actividades con la máxima eficiencia
energética. En otras palabras, producir los mismos bienes utilizando mucha
menos energía, evitando así despilfarros inútiles. De esta manera, al reducir
el consumo de energía, disminuyen también notablemente los daños al medio
ambiente y a la salud.
Por ejemplo, podemos obtener la misma cantidad de luz que proporciona una
bombilla normal de 100 vatios (W) si utilizamos en su lugar una moderna y
eficiente bombilla compacta fluorescente de 18W. Cambiar aquélla por ésta
significa obtener el mismo servicio energético con un ahorro de más del 80% de
energía, es decir mejorar 5 veces la eficiencia energética del proceso.
Cientos de ejemplos como este podrían ponerse con tecnologías más eficientes
ya disponibles en motores, todo tipo de electrodomésticos y otros
equipamientos, procesos industriales más eficaces, etc. Se utiliza la palabra
Negavatio para referirse a la energía ahorrada gracias a medidas de eficiencia
energética. Se ha calculado que en España se podría ahorrar más del 50% de
toda la energía eléctrica que hoy se consume si se aplicaran tecnologías
eficientes ya existentes en la industria, el sector doméstico, los comercios...
Diversos estudios demuestran que aprovechando al máximo las tecnologías de
eficiencia energética se podría duplicar el Producto Interior Bruto con la
mitad de la energía que ahora se consume para ello: es lo que se denomina
Factor 4.
Como han podido comprobar algunas compañías eléctricas más avanzadas,
invertir en eficiencia energética da mejores resultados que hacerlo en nueva
generación de energía. Desde el punto de vista económico, existe un enorme
mercado en la eficiencia energética, al tiempo que es una gran fuente de
puestos de trabajo. El conjunto de actuaciones directas para cambiar las pautas
energéticas de los clientes y reducir su consumo de energía/electricidad
mediante la aplicación de programas de ahorro energético se denomina gestión
de la demanda.
¿Cómo debe ser el modelo energético para ser sostenible?
La errónea elección de fuentes energéticas peligrosas y contaminantes pone en
evidencia la necesidad de reemplazarlas por otras verdaderamente limpias (el
ahorro y la eficiencia energética, y las energías renovables, como la solar,
la eólica, geotérmica, biomasa...). Para que esa sustitución se haga realidad
hay que poner límite al crecimiento ilimitado en el consumo de energía y al
actual despilfarro energético. Una planificación energética que no quiera
verse ahogada en su propio fracaso debe basarse en la gestión de la demanda: si
el consumo de energía tiende a crecer, el objetivo debe ser reducir esa demanda
energética a través del ahorro y la eficiencia energética, haciendo un uso más
racional de la energía.
En este principio se basa la PLANIFICACIÓN INTEGRADA DE RECURSOS (PIR), que
busca encontrar un equilibrio entre las alternativas del lado de la oferta y las
que consisten en acciones de gestión de la demanda (reducción y/o mejora de
eficiencia en el consumo y, en general, modificaciones beneficiosas de la curva
de carga) con un coste mínimo para la sociedad.
Sin embargo, el ahorro y la eficiencia energética y las energías renovables,
en la situación actual no juegan en igualdad de condiciones con los fuentes
energéticas convencionales en las que se basa el sistema energético. Esta
injusta situación se debe a que los costes medioambientales y sociales de la
generación de energía no están reconocidos por el sistema.
Fuente: Greenpeace