El Instituto Nacional del Agua ha declarado en situación de «sequía severa o extrema» nada menos que el 97% del territorio de Portugal. La extrema afecta ya al 64% del país. Lo saben bien agricultores y ganaderos, que sufren pérdidas millonarias y atraviesan la peor racha en mucho tiempo
La producción de cereales ha bajado en todas las regiones y el precio de la carne ha subido. El Instituto Nacional de Estatística reconoce que la leche y el queso, dos productos muy preciados, han perdido calidad. No es de extrañar que el Gobierno aprobase créditos por valor de 125 millones para los afectados.
De octubre del 2004 a julio del 2005, el nivel de precipitaciones ha estado un 60% por debajo de la media habitual. Para estaciones meteorológicas como la de Lisboa se trata de la situación más grave desde 1901 y para la de Oporto está entre las cuatro peores. En el sur no había niveles así desde 1941.
Ahora mismo, se informa a la población del riesgo de incendios y la falta de agua incluso en los sobres de los azucarillos que se sirven con el café. La comisión nacional contra la sequía decidió reducir un 30% el consumo en la agricultura y un 20% en los núcleos urbanos. Los ayuntamientos han disminuido el riego de jardines y compran material para garantizar el abastecimiento en situaciones de emergencia. Cuarenta municipios del Alentejo con 22.000 habitantes ya recurren a autotanques.
El ministro de Medio Ambiente, Francisco Nunes, ha presentado ante la UE un informe sobre las consecuencias de la sequía. Asegura que los perjuicios económicos «sobrepasan ya los 1.800 millones de euros, cantidad que equivale al 1,5% del PIB nacional». De ahí que Portugal haya pedido a Bruselas que eche mano del fondo de solidaridad para situaciones de catástrofe natural.