Ocasionales concentraciones de nitratos en los acuíferos de Barba, que superan el límite de 10 microgramos por litro, recomendado por las autoridades de salud, fueron detectadas en una investigación realizada por la doctora Jenny Reynolds, de la Universidad Nacional (UNA)
Dado el potencial daño que un aumento de nitratos en el agua para consumo humano puede representar para la salud, los resultados de la investigación despertaron el natural interés de la prensa y alarma entre sectores de la población.
Sin embargo, Acueductos y Alcantarillados (A y A) desestimó los resultados de la investigación de la doctora Ryenolds. El director del Laboratorio Nacional de Aguas del A y A, Darner Mora, rechazó la afirmación de que la presencia de nitratos en el agua sea un factor que provoque cáncer gástrico. El A y A señaló también que el nivel de nitratos tolerable en el agua es de 50 mg/l, cinco veces superior a la cifra manejada por Reynolds.
Los estudios de la Dra. Reynolds, del Centro de Hidrología Ambiental de la UNA, se llevaron a cabo entre 1990 y 200,2 y permitieron monitorear periódicamente la concentración de nitratos en once pozos y nueve manantiales en la cuenca del río Virillla, que abastecen a más de un millón de personas en la parte oeste del valle central. Se trata, principalmente, del acuífero Barba, al norte de las ciudades de Heredia y Alajuela; y los acuíferos Colima Superior e Inferior, que subyacen al Barba.
El resultado de los doce años de investigación señala que “un 20% de los sitios evaluados mostró concentraciones de nitratos que, al menos un una ocasión, alcanzaron o excedieron el límite máximo recomendado por las autoridades de salud”.
Además, agrega el informe, muestran una “tendencia creciente en las concentraciones de nitratos en varios sitios”, lo que obliga a un monitoreo permanente y a un esfuerzo por identificar y eliminar las fuentes de contaminación, antes de que esas aguas se transformen en inadecuadas para el consumo humano.
Entre las medidas sugeridas para eso están la modernización de los sistemas de disposición de desechos humanos, eliminando los tanques sépticos y construyendo alcantarillados sanitarios y plantas de tratamiento de aguas negras.
La UNA analizó también la contaminación de aguas subterráneas del Gran Área Metropolitana con compuestos orgánicos volátiles (VOC), sustancias que, en algunos casos, son nocivas para la salud aun en concentraciones muy bajas, como el tricloroeteno y el tetracloroeteno, derivados de solventes clorados ampliamente utilizados en la industria como desengrasantes y removedores de ceras, resinas y aceites.
La oportuna advertencia de esos estudios, sin embargo, no siempre fue tratada de forma adecuada por la prensa, en opinión de los especialistas, por lo que el Tribunal Centroamericano del Agua consideró oportuno organizar una exposición de la Dra. Reynolds sobre el tema para precisar la naturaleza de la amenaza y sugerir las medidas para enfrentar el desafío que la situación actual nos plantea.