Si bien hay consenso respecto de que el aumento de la temperatura del planeta causa alteraciones climáticas, algunos dudan que éstas sean causa directa de las catástrofes
Los 15 huracanes y tormentas tropicales registrados desde junio en el océano Atlántico y el mar Caribe y los dos tifones ocurridos en el mismo periodo en Japón y Taiwán respaldan las previsiones hechas en 2001 por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), de la Organización de Naciones Unidas (ONU), según el cual la intensidad y frecuencia de estos fenómenos aumentará en las primeras tres décadas de este siglo.
Investigadores de la UNAM, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y del Centro Climático de la Cruz Roja internacional señalaron que los desastres naturales vinculados con eventos meteorológicos extremos coinciden con un incremento generalizado de la temperatura de la Tierra, como anticipó hace cuatro años el grupo de expertos que integran el IPCC.
A pesar de los datos generados en los últimos meses, algunos grupos científicos todavía ven con escepticismo las teorías que atribuyen directamente el incremento de desastres naturales al calentamiento global, como explicó el director del Instituto de Ecología de la UNAM, Héctor Arita.
"Aunque hay un consenso científico en la idea de que la actividad humana ha provocado un cambio en el clima del planeta, debido a la emisión de gases invernadero, como el dióxido de carbono, todavía hay algunos investigadores, principalmente ligados a agencias gubernamentales de Estados Unidos, que cuestionan la relación entre calentamiento global y desastres. Esto ha hecho que pongan en duda la conveniencia de adoptar ajustes severos como los que plantea el Protocolo de Kioto", indica el científico mexicano.
Cuando aún faltan dos meses para que concluya la llamada Temporada de Huracanes en el Hemisferio Norte del planeta más de un millón 200 mil personas han sido desplazadas y al menos 513 perdieron la vida, por la devastación de huracanes como Katrina, en el sureste de Estados Unidos; Haitang, en Taiwán; Nabi, en Japon; Emily, en México, y Dennis, en Cuba.
En México, la responsable del la División de Evaluación y Alerta Temprana del PNUMA para América Latina y el Caribe, Kakuko Nagatani, advirtió que el debate científico sobre la existencia o no de un vínculo directo entre calentamiento global y desastres naturales ha hecho que se pierda mucho tiempo para tomar decisiones.
"La experiencia reciente en Nueva Orleáns demuestra que ni siquiera un país con una infraestructura sólida y muchos recursos económicos como Estados Unidos está exento de los efectos adversos del cambio climático, de modo que lo mejor que se puede hacer es empezar a tomar acciones preventivas para frenar el deterioro del clima, las cuales tardarán 20 o 30 años en comenzar a dar efectos", indicó la funcionaria de Naciones Unidas.
Nagatani reconoció que si bien Estados Unidos que emite 25 por ciento de los gases invernadero ha preferido no adherirse al Protocolo de Kioto por sentir que no hay evidencia suficiente de que sus ajustes frenarían el calentamiento global, ese país también se convirtió en un ejemplo de que la información científica sólida no sirve de nada si los tomadores de decisiones no la entienden y utilizan.
"El primer paso para enfrentar estos escenarios de desastre es tener información científica confiable, y el segundo es entenderla y convertirla en política pública para evitar tragedias."
La elevación de hasta tres grados centígrados en la superficie del mar Caribe, reportada a principios de agosto por la Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica de Estado Unidos (NOAA) y por el Instituto de Meteorología de Cuba fue considerada ayer por la directora del Centro Climático de la Cruz Roja Internacional, Madelee Helmer, como una prueba clara de la relación entre calentamiento del mar y aumento de desastres naturales.
De visita a Colombia, Helmer indicó a la agencia Notimex que los "gases invernaderos" ha generado un alza gradual en el nivel de los mares, lo que incide de forma directa en el incremento y fuerza de fenómenos como huracanes.