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| Cambio Climático |
El efecto invernadero es un fenómeno que permite que la atmósfera absorba parte de la radiación solar que es reflejada por la superficie de la Tierra, haciendo posible tener una temperatura adecuada para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta.
Esta absorción se produce gracias a los Gases de Efecto Invernadero (GEI), que representan menos del 0.1% de la atmósfera total e incluyen al Dióxido de carbono (CO2), Metano (CH4), Oxido nitroso (N2O), Perfluorocarbono (PFC) Hidrofluorocarbono (HFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6).
Sin embargo, a partir de la era industrial y a través de distintas actividades, el hombre ha intervenido en la naturaleza, ocasionando que las concentraciones de estos gases en la atmósfera se hayan incrementado hasta transformar un mecanismo, natural y esencial para la vida de la Tierra, en el problema conocido como Cambio Climático.
En 1992, durante la Cumbre de la Tierra en Rio, se establece la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en la cual los 186 países firmantes deciden hacer frente a este problema a través de una estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a niveles que no sean peligrosos para el sistema climático.
Esta reducción de emisiones sigue el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, de manera que los países industrializados, que son los que más han contribuido al calentamiento global, tienen la responsabilidad de adoptar políticas y medidas para mitigar el cambio climático. Asimismo, los países desarrollados se comprometen a transferir recursos y tecnología hacia los países en vías de desarrollo de manera que éstos estén mejor preparados para enfrentar el cambio climático y que puedan cumplir con las obligaciones planteadas por la Convención.
En 1997, se adopta el Protocolo de Kyoto, basado en la convención, que añade compromisos más precisos y detallados como resultado de equilibrar los distintos intereses políticos y económicos. Sin embargo, será obligatorio únicamente cuando 55 países, que representen el 55% de las emisiones de CO2 en países desarrollados en 1990, lo hayan ratificado. Hasta el momento las partes que han ratificado el protocolo suman el 43.9% de las emisiones.
El principal objetivo es que entre los años 2008-2012 se reduzcan en 5.2% las emisiones que los países desarrollados producían en el año 1990. Se toma en cuenta a los 6 gases de efecto invernadero y las reducciones se miden en equivalentes de CO2, para producir una cifra única. No incluye a los gases clorofluorocarbonados (CFC), debido a que estos están dentro del Protocolo de Montreal de 1987 acerca de las sustancias que agotan la capa de ozono.
Aproximadamente 23 mil millones de toneladas de CO2 son liberadas en la atmósfera anualmente; cerca del 97% de esta cantidad, emitida por los países industrializados, proviene de la quema de carbón, petróleo y gas para obtener energía, la deforestación es la segunda fuente de emisiones.
Los mecanismos flexibles de mercado presentes en el Protocolo de Kyoto para hacer posible la reducción de las emisiones de los países industrializados, también llamados Anexo I, son: el Comercio Internacional de Emisiones, que permite a los países industrializados vender sus certificados de reducción excedentes una vez que han alcanzado la meta señalada por el Protocolo, la Implementación Conjunta, por la cual los países industrializados pueden comercializar entre ellos las reducciones obtenidas por medio de proyectos específicos, y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)
El MDL reconoce el servicio ambiental global de mitigación o absorción que se lleva a cabo en los países en vías de desarrollo. De esta manera los países con compromisos cuantificables de mitigación pueden comprar certificados de emisiones reducidas para alcanzar sus metas, beneficiándose con precios más baratos a la vez que apoyan al desarrollo sostenible en los países en desarrollo y garantizan que las reducciones sean mesurables y de largo plazo.
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