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| Los riesgos de la Responsabilidad Social Empresaria |
La experta y catedrática de Ética Adela Cortina, considera que entre las 'opciones' que tiene la RSC a la hora de vaticinar su evolución se encuentra el riesgo de quedarse en un ejercicio de competencia entre las empresas "que pueden permitirse tener un departamento donde idear actuaciones que no hayan pensado los competidores" o esforzarse por aparecer en los rankings más conocidos
En un artículo como columnista invitada en 'Canal Solidario', Cortina defiende la idea de que, en materia de Resposabilidad Social Empresaria, se dan buenas y malas noticias.
Entre las buenas, "que la ética vende", es decir, que publicitar la apuesta por prácticas éticas atrae y no repele, esto es, que genera buena reputación. La mala noticia es que, precisamente por eso "puede manipularse, quedarse sólo en la apariencia de una buena actuación que funciona como reclamo".
De lo que no hay duda, apunta Cortina, es de que el discurso sobre la responsabilidad social de las empresas "está de actualidad" y se multiplican los cursos, las publicaciones, la asignaturas universitarias sobre el tema, y las grandes empresas se dotan de un departamento dedicado exclusivamente a ello, menudeando los rankings de organizaciones excelentes y los índices de Resposabilidad Social Empresaria. Sin duda, dice, "es un auténtico fenómeno tanto a nivel local como global".
Así las cosas, continúa el artículo, "¿corre la Resposabilidad Social Empresaria el riesgo de morir de éxito?", la verdad es que no, defiende. "En cuanto una idea cobra carne mortal en la sociedad contante y sonante, afloran los problemas", porque el aterrizaje en la realidad "siempre destapa la caja de las grandes cuestiones", explica.
A su juicio, la idea defendida hace años por el economista Milton Friedman en relación a que la única responsabilidad de la empresa era generar beneficios económicos para los accionistas "no ha sido superada, sino más bien subsumida en una nueva, más inteligente", porque la empresa prudente, defiende, "intuye que si tiene en cuenta los intereses de los afectados en el diseño de las estrategias de la empresa, también aumentará el beneficio del accionista".
Por eso, "la responsabilidad social no consiste en mera filantropía, no se trata de realizar acciones de beneficencia, desinteresadas, sino que debe asumirse como una herramienta de gestión, como una medida de prudencia y como una exigencia de justicia".
Como herramienta de gestión, debe formar parte del "núcleo duro" de la empresa, de su gestión básica, no ser "algo más", una especie de limosna añadida, "que convive tranquilamente con bajos salarios, mala calidad del producto, empleos precarios, incluso explotación y violación de los derechos básicos". "La buena reputación se gana con las buenas prácticas, no con un marketing social que funciona como maquillaje de un rostro poco presentable", destaca.
En su opinión, "ciertamente, es posible elaborar una ley de responsabilidad social", y en ello está la Comisión de Expertos nombrada por el Gobierno español y la Subcomisión del Congreso de los Diputados. Ante tal posibilidad, "los espíritus se dividen".
Mientras sindicatos y organizaciones cívicas consideran "insuficientes" las iniciativas voluntarias para salvaguardar los derechos de trabajadores ciudadanos y piden un marco con unas normas mínimas que garanticen reglas de juego equitativas, las empresas subrayan la "naturaleza voluntaria" de la responsabilidad social, insistiendo en que los mínimos "ya están legislados" y una ley no haría sino anular la creatividad y el carácter innovador de la empresa, amén de la dificultad que entraña legislar un "hasta dónde" en el ámbito social.
"La cuestión continúa en disputa", concluye Cortina, pero al menos una cosa está clara; "con ley o sin ella, carácter y justicia constituyen ese 'humus' de la ética de la empresa que da sentido a una responsabilidad social resuelta a no dejarse reducir a cosmética y burocracia".
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