La incineración es un método obsoleto e
insustentable para lidiar con los residuos. Mientras continúa aumentando la
oposición global a la incineración, se están desarrollando y adoptando
innovadoras filosofías y prácticas para el manejo sustentable de los materiales
descartados alrededor del mundo.
Sección 1: Los Problemas de la
Incineración
La sección 1 trata sobre los problemas
de la incineración de residuos: emisiones contaminantes, tanto al aire como a
otros medios; costos económicos y costos laborales; pérdida de energía;
insustentabilidad; e incompatibilidad con otros sistemas de manejo de residuos.
También trata sobre los problemas específicos para los países
Sureños.
Las dioxinas son el contaminante más
conocido asociado a los incineradores. Causan una gran variedad de problemas en
la salud, incluyendo cáncer, daños al sistema inmunológico, y problemas
reproductivos y en el desarrollo. Las dioxinas se biomagnifican, lo que
significa que pasan a través de la cadena alimentaria desde la presa al
predador, concentrándose en los productos a base de carne y lácteos y,
finalmente, en los humanos. Las dioxinas son de particular interés porque están
por todas partes presentes en el medio ambiente (y en los humanos) a niveles que
han demostrado causar problemas en la salud, lo que implica que la población
entera está sufriendo sus efectos ahora. En todo el mundo, los incineradores son
la fuente primaria de dioxinas.
Los incineradores son también una fuente
principal de contaminación con mercurio. El mercurio es una poderosa
neurotoxina, que deteriora las funciones motoras, sensoriales y cognoscitivas, y
la contaminación con mercurio está esparcida. Los incineradores son también una
fuente significativa de otros metales pesados contaminantes, como el plomo,
cadmio, arsénico, cromo y berilio.
Otros contaminantes de interés emitidos
por los incineradores incluyen a otros hidrocarburos halogenados (que no son las
dioxinas); gases ácidos, precursores de la lluvia ácida; efluentes particulados,
que deterioran las funciones pulmonares; y gases del efecto invernadero. Sin
embargo, la caracterización de las emisiones contaminantes de los incineradores
se halla aún incompleta, y muchos compuestos aún no identificados están
presentes en las emisiones al aire y en las cenizas.
Los operadores de los incineradores con
frecuencia alegan que las emisiones al aire están "bajo control", pero la
evidencia indica que esto no es así. Primero, para muchos contaminantes, como
las dioxinas, cualquier emisión adicional resulta inaceptable. Segundo, el
monitoreo de las emisiones es irregular y sumamente defectuoso, por lo que ni
siquiera se conocen verdaderamente los niveles de emisiones actuales. Tercero,
la información existente indica que los incineradores son incapaces incluso de
ajustarse a los estándares regulativos actuales.
Cuando los equipos de control de la
contaminación del aire funcionan, remueven los contaminantes del aire y los
concentran en la ceniza volante, creando una masa de residuos peligrosos que
necesita un posterior tratamiento. Por lo tanto, el problema de las emisiones
contaminantes no está resuelto; los contaminantes son simplemente trasladados de
un medio (aire) a otro (sólidos o agua). La ceniza de los incineradores es
altamente peligrosa, pero por lo general está deficientemente regulada. Ni
siquiera es segura su disposición en rellenos sanitarios; ya que los rellenos
sanitarios tienen pérdidas; pero en algunos lugares la ceniza es dejada expuesta
a los elementos o incluso esparcida en áreas residenciales o productoras de
alimentos.
Con frecuencia los incineradores son
instalados en barrios de bajos ingresos con poblaciones minoritarias
deliberadamente, con la teoría de que los sectores de la población políticamente
débiles serán menos capaces de resistirse. Esto es una violación a los
principios básicos de la justicia ambiental.
Los incineradores modernos son por lejos
la propuesta más costosa para el manejo de residuos; los costos de construcción
solamente pueden ser de millones de dólares estadounidenses. Los costos de
construcción y operación de un incinerador son inevitablemente sostenidos por el
público. Las compañías de incineración han ideado varios esquemas financieros
complicados para encasillar a los gobiernos en pagos a largo plazo, que han
demostrado frecuentemente resultar desastrosos para los gobiernos locales.
Muchos pueblos en los Estados Unidos han sido llevados al endeudamiento por sus
incineradores.
Los incineradores generan muchos menos
puestos de trabajo por tonelada de residuos que las tecnologías y prácticas
alternativas, como el reciclaje. Por lo general los incineradores también
desplazan a las redes informales de reciclaje ya existentes, causando mayores
privaciones a los más pobres entre los pobres.
Los incineradores son frecuentemente
promocionados como productores de energía, ya que pueden generar electricidad.
Sin embargo, un análisis detallado del ciclo de vida completo revela que los
incineradores gastan más energía de la que producen. Esto es debido a que los
productos que son incinerados deben ser reemplazados con nuevos productos.
Extraer y procesar materiales vírgenes y convertirlos en nuevos productos
consume mucha más energía - y causa más daños ambientales - que la que
consumiría reusar, o fabricar a partir de materiales reciclados.
La historia de la incineración de
residuos ha transcurrido mayormente en los países del Norte; parece ser que los
contextos Sureños son propensos a ser aún más problemáticos para esta
tecnología. La falta de capacidad de monitoreo significa que los incineradores
podrán ser aún más contaminantes de lo que son en el Norte. Los problemas
administrativos, como los presupuestos irregulares y la corrupción, pueden
interferir en su necesario mantenimiento. Las condiciones físicas diferentes,
tales como el clima y las características de los residuos, pueden tornar a las
operaciones difíciles o hasta imposibles.
Finalmente, debe comprenderse que los
incineradores son incompatibles con otras formas de manejo de residuos. Los
incineradores compiten con otras formas de tratamiento de residuos por el mismo
presupuesto y los mismos materiales en desuso, y socavan la ética de la
segregación en la fuente, que conduce a un manejo apropiado de los
residuos.
Sección 2: Las
Alternativas
La sección 2 trata sobre las
alternativas a la incineración. Los rellenos sanitarios no son una alternativa
viable, ya que son insustentables y ambientalmente problemáticos. En lugar de
eso, las alternativas deben atacar la entera noción de la disposición de
residuos, reciclando todos los materiales en desuso de vuelta a la economía
humana o la naturaleza misma, y por lo tanto aliviando la presión ejercida sobre
los recursos naturales. Para hacerlo, tres supuestos sobre el manejo de residuos
deben ser reemplazados por tres nuevos principios. En lugar de asumir que la
sociedad va a producir cada vez más cantidad de residuos, debe darse prioridad a
la minimización de los residuos. Los elementos desechados deben ser segregados
para que cada fracción pueda ser óptimamente compostada o reciclada, en lugar
del sistema actual de disposición de residuos mezclados. Y las industrias deben
rediseñar sus productos para facilitar su reciclaje al finalizar su vida útil.
Estos principios se aplican a varias clases de residuos.
La naturaleza mixta de la corriente de
residuos municipales destruye mucho de su valor. Los orgánicos contaminan a los
reciclables, y los tóxicos destruyen la utilidad de los otros dos.
Adicionalmente, una porción creciente de la corriente de residuos se compone de
materiales sintéticos y productos que no están diseñados para ser fácilmente
reciclados; éstos necesitan ser rediseñados para ser compatibles con los
sistemas de reciclaje, o debe eliminarse gradualmente su uso.
Los programas de manejo de residuos
municipales deben adaptarse a las condiciones locales para resultar exitosos, y
no habrá dos exactamente iguales. En particular, los programas en el Sur no debería ser desarrollado siguiendo el modelo exacto de los programas del Norte, ya que las condiciones físicas, económicas, legales y culturales son diferentes. En particular, el sector informal
(basureros o recolectores de basura callejeros) es un componente significativo
de los sistemas de manejo de residuos existentes, y la mejora de sus condiciones
de empleo debe ser un componente central en cualquier sistema municipal de
manejo de residuos en el Sur. Un ejemplo exitoso es el de los zabbaleen, en el
Cairo, en donde se ha organizado autónomamente un sistema de recolección y
reciclaje de residuos que desvía el 85% de los residuos recolectados y emplea a
40.000 personas.
En general, en el Norte o en el Sur, los
sistemas para tratar los residuos orgánicos son el componente más importante de
un sistema municipal de manejo de residuos. Los materiales orgánicos deberían
ser compostados, vermicompostados, o entregados a los animales como alimento,
para que sus nutrientes sean devueltos a la tierra. Esto también asegura una
masa de residuos reciclables sin contaminar, lo que resulta clave para la
economía de una corriente de residuos alternativa. El reciclaje crea más
cantidad de puestos de trabajo por tonelada de residuos que cualquier otra
actividad, y genera una masa de materiales que pueden servir como insumos para
la industria.
La barrera más grande para el reciclaje,
sin embargo, es que la mayoría de los productos no están diseñados para ser
reciclados al finalizar su vida útil. Esto es así porque los fabricantes tienen
actualmente muy poco incentivo económico para hacerlo. La Extensión de la
Responsabilidad del Productor es un enfoque político que requiere que los
productores reciban de vuelta sus productos y envases. Esto les proporciona el
incentivo necesario para rediseñar sus productos de modo tal que puedan ser
reciclados al finalizar su vida útil, y para que no contengan materiales
peligrosos. Sin embargo, la ERP puede no ser siempre ejecutable o práctica, y en
ese caso puede resultar apropiado aplicar prohibiciones a los materiales y
productos peligrosos o problemáticos.
Utilizando las prohibiciones a los
productos y la ERP para forzar el rediseño industrial por un lado, y la
desagregación de la masa de residuos, el compostaje y el reciclaje por otro, los
sistemas alternativos pueden desviar la mayoría de los materiales municipales
descartados lejos de los rellenos sanitarios o los incineradores. Muchas
comunidades han alcanzado índices de desviación del 50 por ciento y más, y
varias han enfocado su visión en el Residuo Cero.
El cuidado de la salud es fuente de una
cantidad significativa de residuos, algunos de los cuales pueden resultar
costosos para manejar. Pero no todos los residuos del cuidado de la salud son
potencialmente infecciosos o peligrosos. La vasta mayoría de los residuos
producidos en los establecimientos del cuidado de la salud son idénticos a los
residuos municipales. Un sistema riguroso de separación en la fuente resulta
esencial para mantener al pequeño porcentaje de residuos que son potencialmente
infecciosos o químicamente peligrosos segregados de la masa general de
residuos.
Los residuos potencialmente infecciosos
necesitan un tratamiento y una disposición, y hay varias tecnologías disponibles
alternativas a la incineración para desinfectar los residuos. Estas tecnologías
son generalmente más baratas, técnicamente menos complejas, y menos
contaminantes que los incineradores.
Una amplia variedad de residuos
químicamente peligrosos, incluyendo los medicamentos, son producidos en pequeñas
cantidades en los establecimientos del cuidado de la salud. Estos no son aptos
para la incineración. Algunos, como el mercurio, deberían ser eliminados a
través de cambios en las compras; otros pueden ser reciclados; el resto debe ser
recolectado cuidadosamente y devuelto al fabricante. Estudios demuestran cómo
funcionan estos principios en ambientes ampliamente variados, tales como una
clínica de maternidad en India, y un principal hospital urbano en los Estados
Unidos.
Los residuos provenientes de procesos
industriales no tienden a ser tan mezclados como los residuos municipales o los
generados en el cuidado de la salud, pero muchos de ellos son químicamente
peligrosos. La Producción Limpia es un enfoque para el rediseño industrial, que
busca eliminar los productos secundarios peligrosos, reducir la contaminación en
su conjunto, y crear productos, y consecuentes residuos, que sean seguros dentro
de los ciclos ecológicos. Los principios de la Producción Limpia son:
- el Principio Precautorio, que aboga
por la precaución ante la incertidumbre científica
- el Principio Preventivo, que sostiene
que es mejor prevenir el daño antes que remediarlo
- el Principio Democrático, bajo el cual
todos aquellos que puedan verse afectados por una decisión tienen derecho a
participar del proceso de toma de decisión
- y el Principio Holístico, que busca un
enfoque que tome en consideración el ciclo de vida integral para la toma de
decisiones ambientales.
Se están empleando una variedad de
herramientas para implementar la Producción Limpia, desde medidas políticas
tales como el derecho a la información y las reformas tributarias, a la
asistencia de las NU a las firmas que estén comprometidas con la Producción
Limpia.
La Producción Limpia no puede responder
al problema de los pasivos existentes de residuos peligrosos, que necesitan
alguna forma de tratamiento alternativa a la incineración. Un número de
programas están desarrollando tecnologías para tratar este problema. Los
estándares que han evolucionado de dichas tecnologías son:
- eficiencias de alta
destrucción
- prevención de todos los productos
derivados no intencionales
- identificación de todos los productos
derivados no intencionales
- y que no existan emisiones
descontroladas
Varias tecnologías emergentes cumplen
con estos criterios, y han sido seleccionados en Japón, Canadá y Australia para
la destrucción de PCB, y en los Estados Unidos para la destrucción de armas
químicas. El programa de armas químicas de EE.UU. es un éxito, en gran parte por
la fuerte participación pública, que presionó a un gobierno refractario a
investigar y eventualmente seleccionar las tecnologías alternativas a la
incineración más seguras.
Sección 3: Apagando las llamas
La
sección 3 discute sobre el creciente rechazo a la incineración en todo el mundo.
La oposición pública ha eliminado muchas propuestas de incineradores e
incineradores existentes, y está siendo incorporada a la legislación local,
nacional e incluso internacional. La resistencia popular a los incineradores es
global: cientos de organizaciones de interés público en decenas de países están
comprometidas en la lucha contra la incineración y a favor de las
alternativas.
En los Estados Unidos, los intereses
comerciales y una perceptible crisis de los rellenos sanitarios condujeron a un
boom en la instalación de incineradores en la década de los ´80. Pero el boom
engendró un movimiento masivo de grupos de base que derrotó a más de 300
propuestas de construcción de incineradores de residuos municipales. Los
activistas lucharon para elevar los estándares de emisiones y eliminar los
subsidios, lo que virtualmente cerró la industria para fines de los
´90.
En Japón, el país con un uso más
intensivo de incineradores en la Tierra, la resistencia a la incineración es
casi universal, con cientos de grupos anti-dioxinas operando en toda la nación.
La presión pública ejercida ha tenido como resultado el cierre de más de 500
incineradores en los años recientes, pero las corporaciones y el gobierno
japonés están todavía basados en una fuerte inversión en la industria de la
incineración.
En Europa, la resistencia ha tomado la
forma de la implementación de alternativas. Algunas áreas han reducido
dramáticamente la generación de residuos, aún aunque las poblaciones hayan
ascendido. Como resultado, hay muy poco mercado para nuevos incineradores en
Europa.
En Mozambique, los ciudadanos se
organizaron más allá de los límites de clase y color, para formar la primera
organización indígena ambientalista del país. Ampliamente aclamada como el
retorno de la sociedad civil luego de la guerra civil, la organización resultó
exitosa en detener una propuesta para incinerar pesticidas en un horno de
cemento en un vecindario residencial.
En otras partes, los activistas han
tenido que recurrir a las protestas y a la acción directa para detener la
incineración. Sin embargo, la oposición pública se está viendo cada vez más
manifestada en la ley. Jurisdicciones en 15 países han promulgado prohibiciones
parciales a la incineración, y un país, Filipinas, ha prohibido toda forma de
incineración.
La ley internacional está también
comenzando a relacionarse con la incineración. Tres principios de la ley
internacional - el de precaución, prevención y el de limitar los efectos del
transporte transfronterizo- entran en conflicto con la incineración.
Se cita a la precaución en los Convenios
de OSPAR, LRTAP, Bamako y Estocolmo y en la Declaración de Río, entre otros
documentos. La precaución argumenta que la incineración debería ser evitada,
debido a que es efectivamente un proceso descontrolado que genera productos
derivados no intencionales desconocidos, y debido a que muchos de esos productos
derivados ya están afectando a la salud humana.
Se hacen amplias referencias a la
prevención y la minimización en la ley internacional, más específicamente en el
Convenio de Bamako, en donde se define explícitamente a la incineración como
incompatible con las prácticas de prevención y Producción Limpia.
Limitar los efectos del transporte
transfronterizo es un principio común de la ley internacional, y sin embargo los
productos no intencionales derivados de la incineración, debido a que son
transportados globalmente, contradicen claramente este principio.
Los Convenios de Londres, OSPAR y Bamako
también introducen prohibiciones a la incineración en el mar y en aguas
domésticas.
El Convenio de Estocolmo, si bien no
prohíbe la incineración, introduce severas restricciones para su uso. Cuatro de
los 12 químicos que el Convenio toma como objetivo son productos no
intencionales derivados de la incineración, y el Convenio llama a su continua
minimización y eliminación. El Convenio de Estocolmo habla, significativamente,
de descargas totales, no sólo emisiones al aire, y llama claramente a los países
a prevenir la formación - no sólo la descarga- de estos químicos. Ya que la
formación de esos cuatro químicos resulta inevitable en la incineración, esta
medida emite una clara señal de que el fin de la incineración está marcando su
hora.-
* Escrito por Neil Tangri, Essential
Action, EE.UU., para la Alianza Global para Alternativas a la Incineración/
Alianza Global Anti Incineración (GAIA), 2003.