Este verano los habitantes de Alaska observaron un aumento en el paso de enormes bloques de hielo frente a sus playas
Los pobladores del ártico aseguran que cada día las puntas de esos icebergs son más bajas y que hay más agua en lugares donde antes sólo había hielo. Su percepción no es errada. En octubre de 2005, imágenes de la Nasa evidenciaron que la capa de hielo del Polo Norte se redujo este verano 20 por ciento, una cifra récord desde el inicio de las mediciones, en 1978.
El entorno de los habitantes del Amazonas también sufrió un drástico cambio. Los botes se quedaron atascados entre la maleza porque las lagunas donde antes navegaban prácticamente se evaporaron. La más fuerte sequía en muchos años trajo incendios forestales, la reducción del cauce del río y problemas económicos y de salud que llegan con las altas temperaturas.
No hay duda: la Tierra se está calentado. Lo ha hecho en 0,6 grados centígrados en el último siglo, un aumento cinco veces mayor que el ocurrido en 1.000 años. El nivel del mar ha crecido 10 a 12 centímetros sólo por el aumento de la temperatura de sus aguas, que al calentarse se expanden. Los glaciares no polares están retrocediendo, las costas se están erosionando y la fauna y la flora de los ecosistemas afectados peligra.
Es natural que el clima cambie. Durante millones de años los períodos de glaciación se han alternado con temporadas de calor. Por eso algunos escépticos aseguran que los síntomas responden a un proceso natural. Para los expertos, sin embargo, está claro que la mano del hombre ha generado parte del problema. Gases como el CO2, que resultan de la quema de combustibles fósiles, han reforzado el efecto invernadero. Una mayor concentración de éstos en la atmósfera produce una capa espesa que impide que parte de los rayos solares se devuelva al espacio y genera más calor en la superficie.
El impacto del cambio climático estaba previsto para dentro de 20 ó 50 años. Pero, ante la furia de las tormentas y la gravedad de las inundaciones y sequías en 2005, los científicos empezaron a sospechar que sus consecuencias podrían haberse adelantado. "Sin cambio climático ¿habrían sido tan fuertes?" , se pregunta Carlos Costa, director del Ideam. Para él y otros expertos, el calentamiento hace más extremas algunas condiciones naturales cíclicas, como los huracanes, que este año fueron más numerosos e intensos y en algunos casos, como la tormenta Beta, incluso cambiaron su trayectoria al sur, algo poco común en el Caribe.
De ser así, eventos proyectados para 2100 -que las Islas Maldivas y ciudades como Londres, ubicadas a nivel del mar, queden inundadas- estarían a la vuelta de la esquina.
La esperanza de Kyoto
Aunque el calentamiento global no fue su causa directa, la inundación de Nueva Orleans en septiembre pasado fue como un vistazo a lo que podría ser ese futuro apocalíptico. El mundo entendió la importancia del protocolo de Kyoto, uno de los pilares de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático. Kyoto, que entró en vigencia este año con la firma de Rusia, es un acuerdo internacional como muchos otros para proteger el medio ambiente.
El de Montreal, por ejemplo, se hizo para regular las emisiones de clorofluorocarbonos, sustancias de los sistemas de refrigeración y los aerosoles que estaban acabando con la capa de ozono. "Hoy ya no se habla de la capa de ozono porque el problema se enfrentó. La capa ya se está recuperando", dice Fabio Arjona, director de Conservación Internacional.
El problema con el CO2 es más grave porque los combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, son el eje del desarrollo mundial, y hacer una transferencia de energía de un día para otro sería muy costoso. El proceso entonces debe ser paulatino.
La convención parte de que, no importa dónde se hagan las emisiones o las reducciones, el impacto en el clima es global. Por eso se dice que la responsabilidad es compartida pero diferenciada. Los países industrializados que históricamente han contribuido más al efecto invernadero tienen un mayor compromiso y, según el protocolo de Kyoto, entre 2008 y 2012 deben haber reducido las emisiones de CO2 5,2 por ciento sobre la base de 1990. Hay debate porque Estados Unidos, uno de los mayores contaminantes, no ha querido firmar. También se discute si países en vías de desarrollo como China e India, que están aumentando sus emisiones por una vertiginosa industrialización, se deberían poner en cintura.
Reducir las emisiones implica migrar hacia otras fuentes de energía como el sol, el agua, el viento y las mareas. El transporte, una de las grandes fuentes de CO2, debe utilizar combustibles ecológicos. Y, además de la mitigación, otra manera de atacar el problema es absorbiendo el CO2 con vegetación nueva y por esto el protocolo promueve la reforestación.
Negocio en el ambiente
Para los países desarrollados es muy costoso reducir las emisiones. Por ello, el protocolo ofrece cierta flexibilidad como comerciar las emisiones. Si un país cumple sus metas por encima de lo establecido, puede venderle las emisiones que no gastó a otro que no ha podido cumplirlas. Otra alternativa es promover proyectos de desarrollo limpio y sostenible. En este tema los países en vías de desarrollo son cruciales, pues les resulta más económico hacer proyectos energéticos o de transporte masivo más 'limpios' que en el Primer Mundo. El negocio consiste en que las empresas pueden certificar la reducción de los gases efecto invernadero que dejaron de emitir, y vender los certificados al mejor postor.
En Colombia hay ejemplos de este tipo de negocios. En Jepirache (La Guajira) se desarrolló un proyecto para obtener energía eólica (del viento) que ya se encuentra conectada al sistema eléctrico nacional. Otro ejemplo es el sistema TransMilenio, que con sus buses desplazó otros vehículos más contaminantes. Además, se han firmado acuerdos de compra-venta de reducciones certificadas de emisiones por un valor de 27 millones de dólares. "Así, las naciones en vía de desarrollo crecen pero de manera limpia y se preparan para el futuro", dice Martha Patricia Castillo, directora de Mecanismos de Desarrollo Limpio del Ministerio de Medio Ambiente.
Tan importante como mitigar los gases de efecto invernadero es reducir los daños que éstos causan. Este es otro de los pilares de la convención y se le conoce como adaptación al cambio climático. En noviembre pasado, Colombia recibió 5,3 millones de dólares del Fondo para el Medio Ambiente Mundial para desarrollar el primer proyecto piloto de adaptación en el mundo. Se concentrará en tres regiones: San Andrés y Providencia, donde peligra el suministro de agua dulce; el macizo Las Hermosas, donde ha disminuido la capacidad del páramo para recoger agua, e Islas del Rosario, San Bernardo e Isla fuerte, donde el aumento del nivel del mar ha puesto en peligro los arrecifes coralinos.
Aun si las emisiones de CO2 se detuvieran hoy, el calentamiento global continuaría. Algunos científicos piensan que el efecto invernadero ya condenó a la Antártica a su desaparición. El daño está hecho. Kyoto es una apuesta a largo plazo, pero algunos ya lo consideran un intento fallido. No obstante, ante las evidencias de los científicos, que cada vez ofrecen un panorama más oscuro, es difícil quedarse de brazos cruzados. Si no se actúa rápidamente, dicen, el planeta en 2050 será irreconocible.