El desarrollo forestal de Venezuela se ha
caracterizado por la ausencia de políticas y estrategias que contribuyan a
efectivamente incorporar el sector forestal a los planes nacionales de
desarrollo. La gestión forestal se ha caracterizado por la improvisación, la
anarquía y la corrupción, especialmente en los últimos 20 años.
El Depredador de Bosques
El destino de los bosques de Venezuela es
nuevamente motivo de polémica, esta vez impregnada por intereses políticos con
el fin de desprestigiar la gestión del presidente Hugo Chávez.
Se pretende presentar a Chávez como el gran devastador de los recursos
forestales del país, de la herencia genética de la nación, de las fuentes de
agua y de la fertilidad de lo suelos. Chávez estaría así poniendo en peligro
la estabilidad ecológica del país, y por ende su estabilidad económica y
social.
Durante más de 20 años, Venezuela ha sido víctima
de políticas destinadas a sustituir bosques naturales por actividades agrícolas,
y la consecuente transferencia de tierras públicas a manos privadas. Las
tierras catalogadas como agrícolas pasaron de 24 millones de hectáreas en 1980
a 32 millones de hectáreas en 1998, un aumento de 8 millones de hectáreas en
ese período (OCEI: Censo Agrícola 1999; Sistemas Ambientales Venezolanos
1982). Aproximadamente el 75% de esta superficie corresponde a la conversión a
la actividad agropecuaria de tierras originalmente cubiertas por bosques. La
mayor parte de estos bosques, originalmente de carácter público, es ahora
parte de la superficie agrícola del país, bajo propiedad privada.
En 1982, el gobierno de Venezuela consideró
que, para suplir la demanda de alimentos de la población venezolana en el año
2000, sería necesario ampliar la frontera agropecuaria de 24 millones de hectáreas
en 1980, a 39 millones de hectáreas en el año 2000. La tasa promedio de
expansión se estimó en 725.000 hectáreas por año durante 20 años. Los 15
millones de hectáreas de expansión propuesta entonces por los ministerios de
Ambiente y Agricultura, con el apoyo de la Comisión Económica para América
Latina (CEPAL) y del Proyecto de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA), serían asignados principalmente a la ganadería [14 millones ha], con
un millón de hectáreas para la agricultura de cultivos. La propuesta señalaba:
"Es evidente que debemos sacrificar parte de nuestra vegetación natural
para destinar el suelo a otros usos productivos" (Sistemas Ambientales
Venezolanos, Proyecto Ven79-001, pgs 130-169,257, Ministerio del Ambiente,
PNUMA, CEPAL, 1982).
Para 1998 la superficie agrícola se había
efectivamente expandido, a 32 millones de hectáreas (OCEI: Censo Agrícola
1999). Sin embargo, Venezuela continúa registrando uno de los más altos índices
de dependencia alimentaria de América Latina, manteniendo una peligrosa
vulnerabilidad en un sector de particular valor económico y estratégico. Las
importaciones representan hoy más de la mitad de la comida que se consume, a
pesar de las severas limitaciones financieras que aquejan a la población
venezolana y de los gigantescos subsidios otorgados por el estado para la
producción agropecuaria en los últimos 20 años. La dependencia alimentaria de
Venezuela es tres veces superior a la de países como México y Colombia.
Deforestación y acaparamiento de la tierra
A pesar de la significativa ampliación de la
frontera agropecuaria, Venezuela continúa registrando uno de los índices más
altos de concentración de tierras en pocas manos. Según el censo agrícola de
1998, el 5% de los propietarios agrícolas acaparan el 75% de las tierras agrícolas
del país. Mientras que el 75% de los propietarios agrícolas se ven obligados a
repartirse sólo el 6% de las tierras (OCEI 1999).
A más de 40 años de su promulgación, la
Reforma Agraria se ha convertido más en un mito que en una realidad.
Originalmente tenía por objeto asegurar una distribución mas justa de la
tierra agrícola entre la población rural, y asegurar una mayor seguridad
alimentaria. Sin embargo, la propiedad de la tierra se ha concentrado aún mas
en pocas manos, mientras se continúa importando la mayor parte de la comida que
se consume.
Escasez de Agua y destrucción del
patrimonio genético
Entre 1980 y el año 2000 se destruyeron en
Venezuela cerca de 10 millones de hectáreas de bosques naturales, a una tasa
promedio de 500.000 hectáreas por año, mas de 1.300 hectáreas por día, el
equivalente a una hectárea cada minuto. Una devastación sin precedentes en la
historia del país.
Una de las consecuencias es la escasez de agua
que hoy afecta a una buena parte de la población venezolana, tanto para el
consumo doméstico, como para la irrigación de tierras agrícolas o la producción
de energía eléctrica. La escasez más pronunciada se registra en la altamente
poblada zona costera central, incluyendo a las ciudades de Caracas y los centros
industriales de Valencia y Maracay, una región con más de la mitad de los
habitantes del país.
La deforestación también ha contribuido a
socavar el potencial hidroeléctrico del Guri y otras represas, así como a la
merma en el flujo a los embalses de los que depende el agua de Caracas y otras
ciudades del país.
Otra de las consecuencias de la deforestación
es la pérdida progresiva e irreversible de buena parte del patrimonio biológico
de la nación. Venezuela es uno de los 8 países del mundo más ricos en
biodiversidad. Su patrimonio genético es impresionante. Plantas con flores:
aproximadamente 20,000 especies (séptimo país en el mundo). Peces en el río
Orinoco: 320 especies (quinto en el mundo). Pájaros: 1,310 especies (sexto en
el mundo). Mamíferos: 300 especies (décimo en el mundo). Altos vertebrados endémicos:
140 especies (décimo cuarto en el mundo). Anfibios: 197 especies (décimo en el
mundo).
La mayor proporción de variedad biológica se
encuentra en los bosques naturales del país. La deforestación implica la
erradicación definitiva e irreversible de miles de especies de plantas y
animales.
Otras consecuencias de la devastación de
bosques en Venezuela incluyen: un significativo aumento en la frecuencia e
intensidad de sequías e inundaciones, con daños a la producción agrícola,
represas hidroeléctricas, sistemas de irrigación, vías de comunicación,
empresas y hogares; erosión y pérdida de la fertilidad de los suelos; y
crecientes dificultades en el suministro de leña, alimentos, medicinas,
materiales de construcción y otros productos tradicionalmente suministrados por
los bosques a comunidades indígenas y campesinas.
Emisiones de Carbono
La destrucción de bosques implica también la
emisión de aproximadamente 30 millones de toneladas métricas de carbono por año,
cerca de la mitad de las emisiones totales de carbono de Venezuela (65 millones
ton C/año). La otra mitad corresponde principalmente al alto consumo de energía
fósil por habitante.
Las emisiones de carbono de Venezuela son
equivalentes a 240 millones de toneladas de gas carbónico (CO2), la unidad en
que se miden emisiones y créditos de carbono en el Protocolo de Kyoto.
En Venezuela, las emisiones de carbono por
habitante son muy superiores a las de otros países en niveles similares de
desarrollo. Duplican las emisiones promedio por habitante de países como
Brasil, Argentina, Méjico y Colombia, y superan aún las emisiones por
habitante de países industrializados altamente contaminantes como Francia y Japón.
Venezuela se encuentra así en una posición particularmente desventajosa y
vulnerable en negociaciones internacionales sobre cambios climáticos.
La trampa Forestal
Al Presidente Chávez se le esta armando una
peligrosa trampa con el propósito de socavar su gestión gubernamental y
"demostrar" que sus políticas agrícolas (ley de tierras, distribución
de tierras a campesinos marginales, incentivo a la producción agrícola,
seguridad alimentaria, reducción de importaciones, etc.) son particularmente
devastadoras de bosques, biodiversidad, suelos y fuentes de agua.
Se pretende denunciar a Chávez como el gran
devastador de bosques en la historia de Venezuela, y por ende como el gran
destructor de plantas, animales y diversidad genética, de fuentes de agua y
suelos productivos. Sería también responsable de la emisión de gigantescas
cantidades de gas carbónico a la atmósfera, y de erosionar peligrosamente la
estabilidad ecológica del país. Esta denuncia tendría como marco de
referencia la entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto, y la creciente
importancia estratégica internacional de la conservación del medio ambiente y
los recursos naturales.
Para alcanzar este objetivo se plantaron en el
gobierno del presidente Chávez funcionarios públicos que procedieron a inflar
artificialmente las estadísticas oficiales sobre la superficie forestal del país
al inicio de su gestión. Así, las estadísticas del Ministerio del Ambiente
hacen referencia a una superficie boscosa de 50 millones de hectáreas en el año
2000, prácticamente la misma reportada por la FAO, el Banco Mundial y el propio
Ministerio del Ambiente para 1980: 52 millones de hectáreas ( Ref: Sistemas
Ambientales Venezolanos, MARNR, PNUMA, CEPAL, 1982), 6 millones de hectáreas
por encima de la superficie de bosques naturales reportada por la FAO para 1990
(FAO: Forest Resource Assessment 1990) y mas 8 millones de hectáreas por encima
de la superficie reportada por la FAO para 1995 (FAO State of the World's
Forests 1999).
Esta lamentable manipulación pretende
justificarse incluyendo estadísticas relacionadas con áreas cubiertas por
bosques en la década de los 70, pero convertidas a la actividad agropecuaria
hace ya muchos años. Así, por ejemplo, se incluyen en las estadísticas
oficiales del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), como
existentes para el año 2000, las reservas forestales de Turén, Caparo,
Ticoporo, San Camilo, Rio Tocuyo y Guarapiche, en sus respectivas extensiones
originales. Sin embargo, la reserva forestal de Turén fue totalmente devastada
hace mas de 20 años, con la eliminación de 110.000 hectáreas de sus ricos
bosques originales, el 95% de su superficie original. En San Camilo se han
destruido 400.000 hectáreas de bosques naturales, cerca del 90% de su
superficie original. Situaciones similares se registran en Ticoporo, Caparo, Río
Tocuyo y Guarapiche, asi como en casi todos los denominados Lotes Boscosos
localizados al norte del Orinoco, en sectores de las reservas forestales de
Imataca y El Caura, en bosques de protección y otras formaciones boscosas en
todo el territorio nacional.
Simultáneamente, se adelanta una evaluación
de la superficie forestal real del país, que debe terminar el próximo año. Se
tiende así a concluir, en coincidencia con un período electoral, que la gestión
del presidente Chávez fue particularmente nefasta para el medio ambiente,
debido a la gigantesca pérdida de bosques que se desprendería de la comparación
de los resultados de dicha evaluación con las estadísticas producidas por el
gobierno en el año 2000.
A solicitud del gobierno nacional, durante la
gestión del presidente Chávez, las estadísticas forestales de la FAO fueron
modificadas para reflejar la nueva "realidad" de la superficie
forestal del país. Así, en su informe sobre el Estado Actual de los Bosques
del 2001, la FAO incluye la nueva cifra oficial sobre la superficie forestal
suministradas por el Ministerio del Ambiente para el año 2000: 50 millones de
hectáreas (FAO: State of the World's Forests 2001)
De la misma manera se manipularon las tasas de
deforestación. En 1995, el Ministerio del Ambiente y el PNUD
(Proyecto de Naciones Unidas para el Medio
Ambiente) reportaron conjuntamente una tasa de deforestación de 517.000 hectáreas
por año durante el período 1980-1990, excluyendo la región al sur del Orinoco
(Preliminary National Greenhouse Inventory for Venezuela, MARNR-UNEP Project
GF/4102-92-40, January 1995). Por su parte, La FAO reportaba una tasa de
deforestación para el mismo período de 600.000 hectáreas por año (Forest
Resource Assessment 1990; Forestry Paper 112), y de 500.000 hectáreas por año
durante el período 1991-1995 (FAO State of the World's Forests 1997; FAO State
of the World's Forests 1999). Estas cifras han sido arbitrariamente reducidas a
menos de la mitad en las nuevas estadísticas del Ministerio del Ambiente,
reproducidas por la FAO a solicitud del gobierno nacional (FAO: State of the
World's Forests 2001).
De esta manera, la mayor parte de la destrucción
de bosques ocurrida entre 1980 y el año 2000 tiende a ser contabilizada como
parte de la gestión del presidente Chávez.
Otros organismos internacionales normalmente
repiten las cifras de la FAO en sus respectivas publicaciones. Los nuevos
valores sobre las tasas de deforestación en Venezuela aparecen así en el mas
reciente informe sobre los indicadores del desarrollo mundial del Banco Mundial
(The World Bank: World Development Indicators 2002) y en otras publicaciones de
referencia internacional. Queda así formalmente armada la trampa forestal para
denunciar la devastadora erosión de la estabilidad ecológica del país,
artificialmente generada durante la gestión del presidente Hugo Chávez.
La Política Forestal
El desarrollo forestal de Venezuela se ha
caracterizado por la ausencia de políticas y estrategias que contribuyan a
efectivamente incorporar el sector forestal a los planes nacionales de
desarrollo. La gestión forestal se ha caracterizado por la improvisación, la
anarquía y la corrupción, especialmente en los últimos 20 años.
A pesar de cubrir cerca de la mitad del
territorio nacional, los bosques aportan menos de 1% al producto nacional bruto.
Las exportaciones de productos forestales son prácticamente nulas, mientras que
las importaciones se acercan a los 400 millones de dólares al año
(importaciones de madera aserrada y tableros de madera: 30 millones de dólares
en el año 2000; importaciones de pulpa y papel: 300 millones de dólares;
importaciones de muebles de madera y otros productos terminados: 40 millones de
dólares). Venezuela registra además una de las más altas tasas de deforestación
de América Latina.
Aproximadamente una tercera parte del consumo
nacional de papeles y cartones en el año 2000 fue importado. La diferencia se
registra tradicionalmente como "producción nacional", generando la
ilusión de un nivel ficticio de autosuficiencia, pues más de la mitad de dicha
producción depende de materias primas importadas. Así, el consumo nacional de
papeles y cartones depende, directa o indirectamente, en cerca de dos terceras
partes de las importaciones.
Las plantaciones industriales, particularmente
el medio millón de hectáreas de Pino Caribe localizadas en el oriente del país
y administradas por la empresa oficial PROFORCA, se encuentran en un permanente
estado de quiebra debido fundamentalmente a la incompetencia y la corrupción
que han caracterizado su manejo durante décadas. El manejo adecuado de este
patrimonio nacional permitiría la sustitución de la mayor parte de las
importaciones de pulpa de madera, papeles y cartones, incluyendo las
importaciones de papel periódico, producto 100% importado.
El aprovechamiento efectivamente sostenible de
sólo una décima parte de los bosques naturales del país permitiría no
solamente suplir la demanda nacional y sustituir las importaciones de madera
aserrada y tableros de madera, sino que permitiría la producción de
aproximadamente 100.000 viviendas prefabricadas por año, contribuyendo a
aliviar la gigantesca crisis habitacional del país, generando empleo e
impulsando la diversificación económica del país.
El reverdecer de Venezuela
Urge la definición de una política forestal
coherente con las necesidades del país y el potencial productivo de los bosques
nacionales, tanto naturales como plantados. Esta política debe incluir un plan
nacional para el reverdecer de la nación, un plan que bien pudiera llevar por
nombre Chuquisaca 2000, en honor al sabio dictamen del Libertador en 1825. Sólo
que hoy su alcance sería mucho mayor, incluyendo:
· El manejo productivo de los bosques
naturales existentes en forma sostenible.
· El control de la deforestación, en un período
no mayor de 10 años.
· El establecimiento de al menos 6 millones de
hectáreas de bosques donde actualmente no existen, en los próximos 20 años.
Frecuentemente, cuando se habla de reforestar
se tiende a pensar en monocultivos de árboles, tales como el pino caribe o el
eucalipto. Esa ha sido buena parte de la experiencia nacional hasta la fecha.
Sin embargo, la mayor parte de un plan nacional de reforestación debidamente
balanceado correspondería a la reconstrucción de bosques seminaturales,
utilizando preferiblemente mezclas de especies de árboles autóctonos,
generando ecosistemas similares a los bosques naturales originalmente existentes
en cada región del país.
La falta de agua se ha convertido en uno de los
principales problemas de la sociedad venezolana. Se acentúa, además, con el
tiempo. A través de la recuperación de cuencas prioritarias se podría no sólo
asegurar el suministro actual de agua, y posiblemente aumentarlo. Se podría
además regular su flujo, reduciendo los efectos adversos de las sequías y las
inundaciones. Cerca de millón y medio de hectáreas podrían ser recuperadas a
través de la reforestación con mezclas de especies nativas en cuencas
prioritarias en los próximos 20 años.
Una superficie similar podría ser reforestada
para recuperar tierras agrícolas degradadas, y otro tanto para el
fortalecimiento de actividades agro-forestales con el fin de otorgarle mayor
estabilidad ecológica y económica a la agricultura. La mayor parte de la
superficie plantada quedaría cubierta por bosques seminaturales, formados por
mezclas de especies de árboles autóctonos, y apoyándose en el uso de especies
fijadoras de nitrógeno y enriquecedoras de suelos.
Las plantaciones industriales podrían abarcar
mas de un millón de hectáreas y se fundamentarían en el uso de un número
reducido de especies, adaptadas a usos industriales específicos: la producción
de pulpa de madera de fibra corta (Eucaliptos, Gmelina, Acacias y otras), la
producción de pulpa de madera de fibra larga (Pinos), la producción de madera
sólida de alto valor comercial, para aserrío o para la fabricación de láminas
y contrachapados (Teca, Pardillo, Saqui-saqui y otras).
El proyecto incluiría el establecimiento de
parcelas de árboles para la generación de beneficios complementarios: la
producción de leña, carbón vegetal, frutas, semillas, forraje, cercas,
materiales de construcción y productos industriales, acentuando su carácter
social y facilitando su aceptación par parte de comunidades locales.
Las plantaciones propuestas tendrían la
capacidad de captar más de 300 millones de toneladas netas de carbono en los próximos
20 años, y 800 millones de toneladas de carbono en los próximos 40 años. A
precios actuales, este carbón tendría un precio superior a los 12.000 millones
de dólares, a ser negociados a través de convenios internacionales como el
Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto.
El costo de establecer y manejar estas
plantaciones oscilaría alrededor de 4,000 millones de dólares a precios
actuales, a ser invertidos en 20 años, a una tasa de 200 millones de dólares
por año. La mayor parte de un plan nacional para reforestar a Venezuela,
correspondiente a plantaciones para recuperar tierras degradadas, proteger y
recuperar fuentes de agua, y fortalecer actividades agro-forestales, podría así
ser financiado a través de la negociación de bonos de carbono con empresas y
países industrializados.
La reforestación de sectores seleccionados de
las cuencas de los ríos Caroní, Chama y Tocuyo, entre otros, y la reforestación
del Sinaruco - Meta podría convertirse en la primera etapa de un proyecto
nacional para reverdecer a Venezuela. Sólo en el Sinaruco-Meta se podrían
reforestar aproximadamente 500.000 hectáreas, a una tasa de 25,000 hectáreas
por año, durante 20 años. El costo oscilaría alrededor de 300 millones de dólares.
La captación de carbono sería de aproximadamente 25 millones de toneladas en
los primeros 20 años, y 50 millones de toneladas adicionales en los 20 años
siguientes, para un total de 70 millones toneladas de carbono en 40 años. El
valor del carbono capturado en los primeros 40 años oscila alrededor de los
1.050 millones de dólares a precios actuales.
* Julio Cesar Centeno es un especialista
forestal venezolano. Fue uno de los principales negociadores del Acuerdo
Internacional de la Madera Tropical, sirviendo como vocero de los países
tropicales. Ha servido como asesor de la Secretaría de la Conferencia de
Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo [UNCED 92]. Director del
instituto Forestal latino Americano (1981-1991). Profesor del Centro de Estudios
Forestales de Postgrado de la Universidad de los Andes, Venezuela. Delegado
oficial de Venezuela en negociaciones internacionales sobre bosques. Investido
por el Príncipe Bernhard de Holanda con la Orden del Arca Dorada por su trabajo
en el sector forestal. Miembro del primer Consejo Directivo del Forest
Stewardship Council (FSC). Miembro del Consejo Directivo de SGS-Forestry in
Oxford, Reino Unido. Vicepresidente de la Fundación TROPENBOS en Holanda
(1994-2000). Profesor visitante del Departamento de Política y Economía
Forestal de la Universidad de Viena, Austria (1999). Miembro del Comité Asesor
para Ambiente y Desarrollo de PDVSA-Bitor.