Lejos están los tiempos en que los ejecutivos de las grandes empresas
energéticas ninguneaban a los inventores que ofrecían sus extrañas creaciones
para sustituir la electricidad generada en las centrales térmicas y nucleares.
Después
de largos años de debates e indecisiones, hoy se ha desatado una verdadera
carrera internacional para atrapar la energía del viento, una alternativa ecológica
a los combustibles fósiles cada vez más escasos.
Desmintiendo su condición de "Viejo Continente", Europa se sitúa a
la cabeza de este proceso. Según Arthouros Zervos, presidente de la Asociación
Europea de Energía Eólica, aunque en la actualidad esta fuente sólo asegura
el 1% del consumo energético, dicha proporción podría llegar al 10% para
2020.
Esto no es sólo un deseo de los ambientalistas, como lo reflejan los esfuerzos
conjuntos e individuales de varios países europeos. Según un reciente informe
de la asociación antes mencionada, los cinco países ribereños del Mar del
Norte: Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y Dinamarca estudian la
posibilidad de instalar parques eólicos "offshore" para sustituir las
400 plataformas de extracción de petróleo y de gas existentes hoy en esa zona.
Las turbinas instaladas en el lecho marino, indican los expertos, tienen la
ventaja de no ocupar tierras cultivables, además, los vientos son más fuertes
y más constantes sobre el mar, asegurándose de este modo una producción
mayor, aspecto importante para los inversionistas cada vez más interesados en
esta esfera.
Alemania anunció este verano su decisión definitiva de detener el desarrollo
de las plantas nucleares (que hoy en día cubren un 30% de sus necesidades energéticas)
y sustituirlas mediante la creación de parques eólicos, como colofón de un
proceso iniciado a raíz del desastre de Chernobil, que constituyó un
importante impulso en la búsqueda de alternativas más seguras y limpias frente
a la energía del átomo por la que todos apostaban a mediados del siglo.
España, Italia, Suecia y Noruega avanzan a pasos agigantados en el empleo de la
energía del viento, pero tampoco otras regiones del mundo se quedan atrás.
Australia inicia este año un ambicioso programa para desarrollar la energía eólica
en la región de la Antártida con equipos novedosos, más potentes que los
utilizados en otras partes del mundo, capaces de atrapar los vientos incluso de
130 km/h, mientras las turbinas de uso actualmente se detienen cuando la
velocidad de los vientos sobrepasa los 90 km.
Estados Unidos, a pesar de los numerosos proyectos en marcha y las
potencialidades inmensas para aprovechar los vientos entre sus dos costas,
marcha en segundo lugar frente al empuje europeo, mientras crece el interés en
los países menos desarrollados, y por tanto con menos recursos para continuar
derrochando con la quema de combustibles fósiles.
Los expertos consideran que en el nuevo siglo China podría convertirse en una
superpotencia eólica debido a sus grandes extensiones -hecho que tendría
grandes repercusiones internacionales, ya que su economía en pleno crecimiento,
sigue basada en el carbón con el consiguiente costo en términos
medioambientales. Aunque todavía quede mucho por hacer para establecer un marco
legal para desarrollar esa industria y para instalar los equipos necesarios, la
apuesta por la energía del viento podría constituir una solución para las
enormes necesidades de esta nación asiática.
Entre los países del Sur se destaca en primer lugar la India con unos 1.000
megawatios instalados actualmente y otros proyectos en marcha.
América Latina tampoco quiere quedarse atrás. A principios de este año
grandes empresas españolas presentaron al gobierno argentino un proyecto para
la creación de un complejo eólico en la Patagonia -zona caracterizada por
fuertes vientos- que aseguraría en un plazo de diez años un 15% de las
necesidades energéticas del país. Brasil y Costa Rica podrían estar también
entre los que optan por esta fuente energética limpia y segura.
Hasta en Africa comenzó a debatirse el tema de la energía eólica, al
estudiarse la posibilidad de instalar un primer parque eólico en Namibia, en la
región de Lüderitz, para compartir sus beneficios con la República
Sudafricana.
Grandes empresas energéticas con importantes inversiones en la industria
nuclear y en otras ramas, se interesan por esta industria, en pleno crecimiento,
que da empleo a un número creciente de personas en el mundo entero. Este es el
caso de la ABB con sede en Suiza, que recientemente presentó nuevos prototipos
de parques eólicos de distintas dimensiones y a bajo costo, que dentro de pocos
años podrán dar solución a las necesidades sobre la base de la
descentralización, en un mundo donde la falta de conexión a las redes
nacionales de energía eléctrica ya no será sinónimo de aislamiento ni de
atraso, sino de autosuficiencia energética y de un ambiente más limpio.
Edith
Papp