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 Basura nuclear en venta

Contaminación

En el trasncurso de 12 meses, una central nuclear de 1000 megawatios genera 25 toneladas de material irradiado, entre ellos 200 kgs de plutonio, cuya radiactividad sólo decae en 240 mil años. En los albores de la era nuclear, los promotores del uso pacífico del átomo creían haber encontrado una fuente de energía limpia y económica que sustituiría progresivamente los combustibles fósiles altamente contaminantes.





Sin embargo, en escasos cincuenta años el criterio mayoritario con respecto a la energía atómica ha variado sustancialmente. Ni limpia ni económica, el futuro de la energía nuclear se cuestiona en primer lugar por la progresiva acumulación de una enorme cantidad de residuos. A pesar de inmensos recursos financieros e intelectuales invertidos en la búsqueda de soluciones satisfactorias, la única salida a este problema consiste en guardarlos en depósitos especiales mientras van perdiendo sus niveles iniciales de radiación durante décadas, siglos o milenios.

Numerosas organizaciones ecologistas han denunciado en las últimas décadas el vertido de residuos en ríos y mares: el caso más sonado lo protagonizó Greenpeace al filmar, a apenas 700 kms de las costas españolas y una profundidad de 4000 metros, los bidones con 142.000 toneladas de desechos nucleares, que habían sido lanzados a la Fosa Atlántica por ocho países europeos entre 1967 y 1982.

La propia Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) reconoce la imposibilidad de establecer con exactitud cuántos miles de toneladas de basura nuclear se encuentran hoy en el fondo de los océanos en recipientes supuestamente herméticos y hasta cuándo éstos resistirán el efecto corrosivo del agua salada.

Residuos para el Sur

La desigual relación Norte-Sur aparece también como una de las vertientes de esta problemática, cuando los países más industrializados buscan deshacerse de sus residuos a costa de naciones más pobres: esto es lo que denominan síndrome NIMBY, en inglés "Not In My Backyard" ("No ocurre en mi patio trasero").

Entre los ejemplos más recientes se destaca el caso de la empresa norteamericana TEMA (Tecnologías Estratégicas del Medio Ambiente) que pretende almacenar desechos nucleares de alto nivel a una profundidad de 3000 metros en el lecho marino del Golfo de México, evitando así la confrontación con los ecologistas de su país por los planes de un vertedero en Yucca Mountains, Estado de Nevada. En vista de la escasa preocupación mostrada hasta ahora por la nueva Administración Bush en asuntos medioambientales, es muy probable que TEMA llegue a conseguir los permisos necesarios.

Una buena dosis de "racismo ambiental" aflora también en la ubicación de los depósitos: según las denuncias de organizaciones ecologistas, a principios de la década de los 90 gran parte de éstos se construían en zonas habitadas mayoritariamente por negros e hispanos.Una solución a medias para el problema de los desechos es el reprocesamiento del combustible irradiado, altamente radiactivo, un proceso que consiste en transformar los residuos en un material vitrificado, sólido y estable, para evitar su dispersión. De momento, en Europa, sólo Francia y Gran Bretaña disponen de plantas de reprocesamiento para sus propios desechos, y por encargo de terceros países. En estos casos se añade un factor de riesgo importante, el de la transportación de estos elementos a grandes distancias y su posterior repatriación.

Los movimientos transfronterizos de los residuos radiactivos son regulados por la Convención de Basilea, cuyo respeto por parte de los países más desarrollados deja mucho que desear. La peor parte, una vez más, se la llevan las naciones del Sur, sin el suficiente peso en el escenario internacional para lograr la prohibición de dichos transportes en las proximidades de sus costas.

En diciembre de 2000, Greenpeace denunció los peligros de estas operaciones, al zarpar del puerto francés de Cherburgo, y bajo bandera británica, el carguero Pacific Swan, que transportaba rumbo a Japón la mayor carga radiactiva jamás transportada por mar. El viaje del barco, cargado de 80 mil toneladas de material vitrificado acabado de reprocesar en la central británica de Sellafield, suscitó fuertes protestas por parte de organizaciones ecologistas internacionales. Su paso obligado por el Cabo de Hornos - una zona de grandes variaciones climáticas y corrientes peligrosas para la navegación - se debió a la oposición decidida de los países del Caribe, por donde habían transitado cargamentos anteriores en la década de los 90, y principalmente de Panamá - dueño ya de su canal interoceánico - que impidió el paso de la carga letal.

Antes del año 2010, cuando entre en funcionamiento la planta de reprocesamiento que se está construyendo en la ciudad japonesa de Rokkasho-mura, unas 45 toneladas más de desechos tendrán que recorrer el mismo camino si prosperan las negociaciones actuales al respecto, según ha denunciado Greenpeace.

El mayor basurero nuclear del mundo

Hace pocos meses, otro proyecto suscitó también grandes preocupaciones en círculos ambientalistas: el parlamento ruso había autorizado la importación de residuos radiactivos para su almacenamiento, lo que promete convertir ese país en el mayor basurero nuclear del mundo. En virtud del negocio más controvertido de la Rusia post-soviética, durante los próximos diez años unas 20 mil toneladas de desechos nucleares procedentes de 14 países llegarán al complejo de Mayak, en los Urales, a cambio de 21 mil millones de dólares. Moscú pretende utilizar esta suma para la construcción de 23 nuevas centrales y el saneamiento de amplias zonas contaminadas, como el Mar del Norte, convertido en un verdadero vertedero atómico con más de cien submarinos nucleares hundidos, más otras decenas que esperan su desmantelamiento cerca de Murmansk, base de la flota rusa, donde el verano pasado sufriera un trágico accidente el submarino nuclear Kursk con 118 marineros a bordo.

El agravamiento del problema de los residuos puso fin también al mito de la energía barata, pues actualmente su gestión resulta más cara que la generación de electricidad. La nube radiactiva de Chernobil, que obligó a los ecologistas a adoptar posiciones más militantes, y la escasa competitividad de la energía nuclear frente a las nuevas fuentes alternativas, provocaron la disminución en el uso de la energía nuclear. Mientras su generación en la década de los 70 creció en 700% a nivel mundial, en los ochenta dicho incremento ya era sólo de 140% y en los noventa cayó por debajo del 20%.

Actualmente, la fisión nuclear asegura apenas el 17% de la electricidad del mundo, y según un informe del World Watch Institute, a partir del año 2002, entrará en una fase de declive sostenido. La última plaza fuerte de la energía nuclear es Asia con 88 centrales en operación y 26 en proceso de construcción, mientras los países de la Unión Europea declararon moratoria sobre la construcción de nuevas centrales, y van cerrando progresivamente las viejas.

De acuerdo con lo previsto, el desmantelamiento de unas 110 instalaciones entre 2020 y 2050 planteará con más agudeza la problemática de los desechos nucleares, ya que las propias centrales herméticamente selladas se convertirán en inmensos residuos: monumentos milenarios de la sinrazón ecológica de la civilización occidental.




 




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