A partir de agosto,
el tóxico metano que produce la descomposición de los residuos orgánicos del
relleno sanitario de Puente Gallego se convertirá en dióxido de carbono,
veintiún veces menos nocivo. El emprendimiento será financiado y explotado por
capitales internacionales, que abonarán un canon a la ciudad y cuidarán el medio
ambiente
Una de las cuestiones cruciales que toda
urbe moderna debe resolver con eficiencia si pretende crecer de manera
sustentable y crear un ambiente vivible para sus habitantes es la de los
residuos. La cuestión de los rellenos sanitarios ha sido en Rosario materia de
discusiones múltiples y también de justificada desconfianza por parte de los
vecinos, quienes muchas veces contemplaron con recelo lógico la implantación de
uno de ellos en las cercanías de su zona de residencia. Pero un reciente anuncio
efectuado por el intendente ha contribuido a diluir parte de tales suspicacias y
puesto de relieve ventajas de la decisión asumida.
El eje del emprendimiento posee clara
raíz ecológica: se trata, a partir de la captación y tratamiento de biogás, de
la conversión del altamente nocivo metano que despide la basura orgánica
acumulada en los rellenos sanitarios en dióxido de carbono, sustancia que posee
un efecto contaminante sobre el medio ambiente veintiún veces menor. El biogás
es un gas combustible que se genera de manera natural al producirse la
putrefacción de materia orgánica en ausencia de aire y que se puede aprovechar
para generar energía, a partir de un proceso altamente costoso para los
parámetros argentinos pero ya implementado en otros países que subsidian la
actividad.