Una
de las señales más vigorosas y claras que una empresa puede dar de su
compromiso con el desarrollo global de la sociedad, son las acciones y
actividades que desarrolla, dirigidas al crecimiento cultural de los ámbitos
donde desempeña su accionar puramente económico.
En
un mundo crecientemente globalizado pero a su vez crecientemente cuestionado, el
desempeño de las empresas que representan esta nueva forma de relacionarse a
nivel mundial, muchas veces tiene además la responsabilidad de mostrar las
bondades del intercambio cultural que esta nueva forma de organizarse trae
consigo. Las empresas globales, por lo general, están realizando inversiones
que muchas veces exceden los 20, 30 o 50 años como lo son, por ejemplo, las
empresas de servicios. En este contexto el éxito de la empresa esta íntimamente
ligado al éxito del país depositario de esta inversión. De ahí que exista
una íntima relación entre los objetivos que tienen las sociedades y las
empresas, en el largo plazo. El destino de ambos se encuentra, de esta forma,
indisolublemente ligado. Es cierto que la responsabilidad del crecimiento de un
pueblo recae principalmente en la capacidad de conducción que desarrollen sus
gobernantes, pero no es menos cierto que esta de manifiesto la escasa
productividad que muestran, cualquier iniciativa que sea desarrollada por las
instituciones del estado. Es en este contexto donde la visión social que
promueva el sector privado, juega un rol cada día más relevante y que en las
sociedades desarrolladas es cada vez más decisiva. En estas circunstancias lo
que en una primera instancia parecería ser un acto altruista o quizás -en
algunos casos- solo mero marketing, ha dejado de serlo para convertirse en una
creciente necesidad. Por otra parte, la filosofía de este accionar responde a
la firme convicción de que las empresas entienden su accionar como una parte
importante e integrada a la sociedad a la que sirve. En definitiva las empresas
“globales” consiguen de esta forma que, lejos de estar aisladas, ser parte
de un todo fundamental en su quehacer cotidiano y en su realización futura. Así
un desarrollo integral, desde él más amplio punto de vista y en los más
diversos ámbitos, se convierte en un objetivo básico de su laborar.
Es indudable que hay mucho por hacer, pero cada vez es mas manifiesto que
paulatinamente se están sumando voluntades que continúan fortaleciendo
acciones e iniciativas culturales o educativas, de manera tal que los frutos de
ellas se expanden cada día a un numero mayor de personas, con la eficiencia que
caracteriza al ámbito privado, para así fortalecer el crecimiento global de la
sociedad en su conjunto.
Este camino, en todo caso, no es fácil, pero los obstáculos no serán nunca lo
suficientemente fuertes para claudicar en el empeño pensando en que los
incentivos para su éxito están ligados al resultado de la inversión económica.
Por
:
José
Luis Domínguez
Director
Acción Empresarial