La solidaridad empieza a ser negocio. Once grandes superficies
españolas han incorporado productos de comercio justo –es decir, los
que aseguran que los trabajadores de países pobres que los han hecho
cobran un salario justo– en más de mil supermercados de toda España
El motivo: los compradores están cada vez más interesados por el
consumo solidario. La venta de este tipo de productos se ha duplicado
en los últimos cinco años en España. El Parlamento Europeo aprobó hace
unas semanas una resolución en la que pedía a los países su apoyo a
esta clase de comercio.
Los artículos de comercio justo han salido de las tiendas
especializadas –un total de 95– y su llegada a tiendas tradicionales y
grandes superficies, entre otros factores, ha duplicado su venta en los
últimos cinco años. El consumidor cada vez lo tiene más fácil para
adquirir cerca de casa, un poco más caros, café, chocolate o bombones
producidos por trabajadores de países pobres que han mejorado con ello
su calidad de vida. Los productos de comercio justo son los que
aseguran que los productores de los países pobres que los han hecho han
cobrado un salario digno, que se han cumplido sus derechos como
trabajadores, que fomenta el acceso de las mujeres al trabajo y que
durante el proceso se ha respetado el medio ambiente.
Estos artículos están presentes en más de mil puntos de venta de los
supermercados Eroski, Alcampo, Carrefour y Champion, en toda España; en
Cataluña, en Caprabo, Bonpreu, Sorli-Duscau, Condis y Consum; en el
País Vasco, en Ercoreka y, en Baleares, en Mercat, según un informe de
Intermón Oxfam. Esta es una de las ONG que forman parte de la
Coordinadora Estatal de Comercio Justo –CECJ– que, creada en 1996,
reúne a 35 asociaciones y tiendas. “Una de cada cuatro personas sabe lo
que es el comercio justo, nuestro objetivo es que se conviertan en
cuatro de cada cinco”, asegura Fernando Contreras, uno de los
responsables de Intermón Oxfam y vicepresidente de la Coordinadora
Estatal de Comercio Justo. Es fundamental, continúa, acercar estos
artículos a las tiendas tradicionales para intentar que los compradores
lo tengan más fácil y poder crear así “una red estable de distribución”.
El año pasado se vendieron en el mundo productos de comercio justo
por valor de 1100 millones de euros, según la Organización
Internacional del Sello de Comercio Justo –Fairtrade Labelling
Organisation International— y el Parlamento Europeo aprobó el mes
pasado, por amplia mayoría, una resolución para “fomentar y promover”
este tipo de comercio desde las políticas, mediante el incremento del
apoyo público al sector.
En España las ventas ascendieron a 13,8 millones de euros, más del
doble que en 2000, según la ONG Setem. Algunos organismos públicos dan
ejemplo, entre otros, el Senado, cuya cafetería sirve café de comercio
justo desde hace dos años. Además, las tiendas especializadas se han
incrementado hasta 95 –en 2000 eran 60–. “Se trata de distribuir y
acercar los productos en los lugares donde se venden”, explica Fernando
Contreras respecto de la política de Intermón de ofrecerlos en grandes
superficies. “Cada vez más gente reclama productos de comercio justo en
los supermercados –asegura– y la nuestra es en algunos de ellos la
cuarta marca de café en sus porcentajes de ventas.” Contreras subraya
que la diferencia de precio es pequeña: 1,45 euro el café convencional,
frente al 1,65 el de comercio justo.
“Se están introduciendo productos de cuidado corporal, como crema
hidratante, en alimentación ofrecemos cada mayor variedad, con té o
arroz, y en artesanía (que genera el mayor volumen de ventas) ofrecemos
unos 5 mil artículos”, asegura Contreras. Una de las grandes críticas
que se lehace a esta oferta es que suele ser más cara que el resto,
según admite la CECJ, ya que se trata de que el productor cobre un
sueldo digno, que tenga unas condiciones de trabajo aceptables, además
de ofrecerle formación.
“Sin embargo, el aumento de las ventas nos ha
permitido bajar los precios en los últimos años”, asegura Javier
Fernández, director de la importadora de comercio justo Copade. Y pone
un ejemplo propio: una mesa de comedor, de 90 centímetros por 1,40
metro, con un certificado de calidad y de respeto al medio ambiente
avalado por Adena y Greenpeace, costaba hace tres años 1115 euros, y
hoy cuesta 890. Un paquete de café de comercio justo puede costar unos
2 euros, y cualquier otro, 90 céntimos, pero “se trata de productos de
muy alta calidad, artesanos en muchos casos, así que habría que
compararlos con los artículos que se venden como delicatessen y, en ese
caso, son incluso más baratos”, asegura Carlos Céspedes, coordinador de
tiendas de la importadora Ideas, una de las principales en España junto
a Intermón Oxfam. “Pero lo más importante es que, aunque cuesten más,
tienen beneficios por otro lado, ya que están ayudando a mejorar la
situación de trabajadores de los países pobres, abocados a la miseria
por el comercio tradicional”, añade.
El año pasado se creó en España un sello de garantía para los
productos de comercio justo. Para una parte de las organizaciones que
forman el tejido español de comercio justo, este sello implica
pervertir sus valores. Sobre todo, porque ha concedido el sello en
otros países a grandes multinacionales–-Nestlé, en Reino Unido, o
McDonald’s, en Suiza–, que no tienen nada que ver, consideran, con el
comercio justo. Entre las organizaciones en contra del sello se
encuentra la ONG Sodepaz.
Desde la Coordinadora Estatal de Comercio
Justo aseguran que la gestión española del sello es “totalmente
independiente” y que todos los productos con el certificado español
garantizan los requisitos de este tipo de mercado, afirma el presidente
de la coordinadora, Eduardo Sánchez. El conflicto del sello entronca
con el de la conveniencia de vender estos productos en las grandes
superficies. “¿Qué tipo de conocimiento sobre el Comercio Justo crearán
las grandes superficies? Seguro que no hablarán de sus
responsabilidades y las de sus principales proveedores en la ruina de
millones de agricultores”, dijo Sodepaz en un comunicado conjunto con
otras organizaciones.
Fuente: El País, de Madrid