Los
glaciares son uno de los mejores indicadores del estado de salud de la Tierra.
Primero, porque por su edad -en algunos casos miles de millones de años- son
fuente inmejorable de información geológica. Segundo, porque de su
comportamiento pueden deducirse las tendencias del cambio climático.
De hecho, son uno de los mejores instrumentos
de los que disponen los científicos para responder a una pregunta que les quita
el sueño cuando la naturaleza encadena sin explicación aparente una sucesión
de fenómenos meteorológicos extremos: ¿Estamos a las puertas de una glaciación
o ante la desertización de nuestro planeta ?
Greenpeace desveló que los mayores glaciares del mundo, los ubicados en la
Patagonia argentina y chilena -la mayor masa de hielo del hemisferio sur después
de la Antártida-, se deshielan a pasos agigantados. Así lo atestiguan los
datos recogidos por el Antic Sunrise , el buque que ha realizado una expedición
científica a la zona: en los últimos siete años los glaciares patagónicos
han perdido 42 kilómetros cúbicos de hielo al año, un volumen equivalente al
que contendría un río que viajase entre A Coruña y Valladolid con un cauce de
cien metros de profundidad y un kilómetro de ancho.
Greenpeace ha documentado su denuncia comparando las fotografías tomadas hace
pocas semanas por el Antic Sunrise con las mismas imágenes de 1928, y el
resultado no invita al optimismo: los hielos se retiran con la misma contundente
parsimonia con la que el planeta se calienta, al tiempo que su deshielo provoca
un aumento del nivel del mar que en los últimos años ha ido a un ritmo de 0,1
milímetros por año. Además, la situación no es exclusiva de la Patagonia.
También se ha detectado en los glaciares del Himalaya, mientras que en España,
según el responsable de Cambio Climático de Greenpeace, Emilio Rull, se han
perdido ya el 70% de los glaciares pirenaicos.