A
partir de la presencia de Ingrid Van Gansen (directiva de Van Gansen Hnos, una
prestigiosa firma de orfebres, gemólogos y diseñadores de la ciudad de Córdoba,
Argentina) en las oficinas del IARSE, es que surgió la idea de comenzar a
organizar un evento en el cual se abordara la problemática del trabajador
discapacitado y la integración de la diversidad por parte de las empresas.
En aquella oportunidad,
Ingrid nos comentaba que aproximadamente un 40% del personal de su empresa
correspondía a individuos con algún grado de discapacidad. También describía
los excelentes resultados obtenidos desde la implementación de esa política,
haciendo explícita su vocación de seguir trabajando en el tema y de convocar a
otras compañías a adherirse a la propuesta.
En consecuencia, comenzamos a desarrollar la idea de promover lo que están
realizando algunas empresas por la integración de los discapacitados, con la
idea de que otras puedan imitar y replicar esta práctica.
Al respecto, es preciso señalar que la selección de un discapacitado debe ser
realizada en función de sus habilidades, capacidades y su actitud, entre otros
atributos. Pero no debe ser vista como una acción benéfica. En general, una
persona con alguna discapacidad tiene mayores dificultades para incorporarse al
mundo del trabajo, pero, cuando logra una oportunidad, valora y cuida mucho su
puesto. Así, muchas veces la discapacidad está puesta en “la mirada del
interlocutor y no en cómo se ve el trabajador mismo”.
En este sentido, hay que tener en cuenta tres principios:
1. Las empresas son construidas por personas que se formaron para actividades
específicas de tal o cual especialidad, por ciudadanos que viven en una
comunidad donde también viven discapacitados que desean cumplir sueños,
proyectos, expectativas y, además, muchas veces deben ser el sostén económico
de sus familias.
2. Estas personas esperan una amplia gama de oportunidades, experiencias,
apoyos, garantías y derechos individuales.
3. El tercer principio importante es el de la inclusión social y económica,
considerada ésta como una experiencia multidimensional en la que intervienen
distintos actores como la familia, los amigos, conocidos, y la dignidad que
proporciona una vida laboral y social como la de cualquiera.
Al referirnos al concepto de inclusión, es importante tener en cuenta la
definición propuesta por Johnstone (1998), quien afirma que es “la
implicación completa y justa de las personas con discapacidades y todas sus
diferencias con respecto a la “norma”, en todos los aspectos de la sociedad
general, como un derecho y no como un privilegio”.
Para conseguir la igualdad, entonces, debemos estar plenamente incluidos en la
sociedad, tanto a nivel económico como social. Esto es algo que normalmente
consiguen aquellos que tienen trabajo. Deberíamos reconocer que, para que un
discapacitado pueda obtener una integración plena, el objetivo debe ser que
cada individuo sea económicamente independiente, es decir, que tenga un trabajo
a largo plazo, sostenible y a tiempo completo.
Ganarse la vida, poder decidir con independencia y la igualdad no son
privilegios sino derechos inalienables: cada uno de nosotros debería estar
trabajando para que todos los miembros de nuestra comunidad los tuvieran.
Por ello consideramos que desde las empresas -y sobre todo desde el departamento
de Recursos Humanos- deberían ser tenidos en cuenta los siguientes puntos:
1. Cuando la organización acepta tener en su planta a discapacitados, debe
estar realmente comprometida con los principios básicos que cimientan la decisión
ya que, de no ser así, es bastante improbable que a largo plazo se pueda ayudar
a estas personas a lograr sus objetivos de una vida mejor.
2. La inclusión de las personas discapacitadas es un proceso en el que hay que:
Descubrir
los dones y capacidades de la persona discapacitada
Escuchar
y valorar sus sueños y aspiraciones futuras
Escuchar
y hablar con los colaboradores, verlos en situaciones diferentes con personas
distintas
Aprender
a observar sin participar
Aprender
a confiar en que el individuo sabe decidir
Ofrecer
igualdad de condiciones a nivel salarial y de beneficios sociales
La realidad muestra que un trabajador con discapacidad puede hacer muchas cosas
dentro de una empresa. Y en todas las organizaciones siempre existe una posición
posible de ser ocupada por un trabajador discapacitado. Quizás sólo se trate
de empezar a considerarlo (si aún no se hizo), aunque en Argentina muchas
empresas ya optaron por esta política de activa responsabilidad social.
Las condiciones actuales de vida, de alta vulnerabilidad, nos muestran día a día
que cualquiera puede adquirir una discapacidad, en cualquier momento de su vida.
No se trata de algo tan “ajeno a mi realidad”. Sin duda, deberíamos
interesarnos más en este tema.
A través de mi experiencia como Consultora en Recursos Humanos, he podido tomar
conciencia de que la desinformación genera prejuicios: a lo desconocido muchas
veces se le teme. Por eso, desde el IARSE consideramos que informar debidamente
es una tarea clave. Las acciones de concientización y difusión, realizando
alianzas con organizaciones de la sociedad civil y empresas, están aportando su
granito de arena para que los trabajadores con discapacidad no queden siempre
afuera a la hora de las oportunidades económicas o de desarrollo personal.
Porque en definitiva, como bien señala Leach, “todos aprendemos del
trabajo en el trabajo, cometiendo errores, haciendo amigos y desarrollando
capacidades en situaciones reales de trabajo. Tenemos que dejar de separar a los
discapacitados “por su bien” e incluirlos por el bien de todos”.
Fuente:
IARSE