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 Plantación responsable en tierras degradadas

Forestal

Las tierras degradadas e infrautilizadas del planeta son áreas poseídas por la erosión y la nula vegetación. Recuperarlas es un laborioso proceso que exige trabajo y paciencia. Las grandes empresas plantadoras parecen no tenerlo claro.





La deforestación es uno de los temas que más preocupa actualmente. Una de las soluciones que algunos "expertos" proponen consiste en plantar cientos de hectáreas de árboles para dotar al planeta de nuevos pulmones, capaces de absorber el dióxido de carbono. Sin embargo, las plantaciones en tierras degradadas no siempre son positivas para el medio ambiente. 

La mayoría de las personas entiende por tierra degradada un tipo de suelo parecido al lunar, con suelos gravemente erosionados y escasa o nula vegetación. Ante este paisaje desolador, parece claro afirmar que toda actividad forestal que busque la recuperación de estos suelos es positiva para el medio ambiente, bien sea mediante la plantación de árboles, o bien por otro tipo de mecanismos de reparación. Sin embargo, la realidad no siempre es tan sencilla. 

Las grandes empresas plantadoras suelen defender a capa y espada este argumento. No dudan en asegurar que las plantaciones de eucaliptos y pinos permiten aprovechar y mejorar las tierras degradas, y recuperarlas en un relativo corto espacio de tiempo. 

Para empezar, hay que aclarar que este tipo de plantaciones comerciales buscan, ante todo, la rentabilidad, por encima incluso de la recuperación medioambiental. Estas empresas suelen desechar los suelos degradados para llevar a cabo sus plantaciones, ya que en estas zonas los árboles crecen con mayor dificultad y mucho más lentos. 

Además, la expresión "tierra degradada" es un concepto demasiado amplio que puede ser utilizado con muy diversos fines. Con este término podemos referirnos simplemente a un área de bosque talado, a una zona agrícola de subsistencia que conserve su potencial productivo o a un terreno erosionado sin vegetación. Incluso se puede hablar de tierras infrautilizadas como sinónimo de degradadas. 

Este juego de lenguaje permite a las grandes empresas llevar a cabo la reforestación basándose simplemente en un criterio de rentabilidad. Es decir, el problema comienza cuando son las propias empresas plantadoras quienes determinan si la tierra a reforestar está degradada o subutilizada. Estas entidades realizan la clasificación más adecuada para poder justificar sus plantaciones ante la opinión pública, además de aumentar sus beneficios. 

En la mayoría de los casos, la gente del entorno no suele estar de acuerdo con que la tierra esté degradada o subutilizada. Acusan a la empresa de ocultar el potencial productivo de unos terrenos de los que aun se puede obtener rentabilidad agrícola o forestal. 

El potencial productivo de estos terrenos desaparece totalmente cuando las grandes empresas plantadoras emplean eucaliptos, pino o cualquier otro tipo de especie comercial. Un avance forestal que termina con la utilidad de tierras productivas, convertidas por las empresas en tierras degradadas o subutilizadas. 

Parece claro que la verdadera recuperación de las tierras degradas debe pasar por la calificación objetiva de los terrenos de plantación. Mientras las empresas plantadoras trabajan sobre tierras con potencial productivo, las verdaderas tierras degradadas continúan abandonadas. Amontonando arena y polvo sobre una vegetación inexistente.




 




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