Cuando el ser humano quiere imitar a la naturaleza o corregir los daños
al medio ambiente, es inevitable que sus acciones causen más problemas,
como tenemos en el reciente caso de la producción de biocombustibles,
según expertos ambientalistas. Dice el informe sobre el Cambio
Climático, dado a conocer la semana pasada, que una de las causas de
dicho fenómeno es el cambio en el uso de la tierra
Desde que el ser humano dejó la vida errante para volverse sedentario,
empezó a modificar el medio ambiente, así que ese fenómeno no es nuevo,
lo que es nuevo es la búsqueda de ganancia en el uso de la tierra. Si
antes fue usada para alimentarse, en estos días es usada para
comerciar, no importando los costos ambientales futuros.
Ahora, se
anuncia la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, al mismo
tiempo que por ese motivo se debe extender la zona para ese cultivo. Es
decir: la producción de etanol nos va a llevar a causar más
calentamiento del planeta.
A la población se le está vendiendo que
dicha producción le va a traer beneficios, incluso el Banco Mundial
afirma que llevará desarrollo al área rural, los industriales y
políticos están pintando de verde sus políticas y justificaciones para
las inversiones. Pero, se habrán puesto a analizar ¿cuáles serán los
costos ambientales futuros?
Se sabe que la ampliación en el área de
cultivo de caña de azúcar sacrificará cultivos de granos o tierra para
la crianza de animales y aves de corral. Esto nos enfrenta a otro grave
problema en ciernes: la seguridad alimentaria, ya de hecho muy frágil
en El Salvador.
Los monocultivos, como la caña de azúcar, han dañado
irreversiblemente la biodiversidad ambiental, y por lo que se anuncia
seguiremos en el mismo camino.
Y hay más. El biocombustible no
significa que se dejará la dependencia del petróleo, sino que
justificará más su uso, y el petróleo es la primera causa del
calentamiento climático. Lo que se propone es simplemente un paliativo
al primer desastre ambiental de carácter mundial.
Así, desde la
óptica ganancia de capital, no es posible pensar que estamos frente a
un cambio de conciencia materialista a una ambiental, sino frente a
otra forma de depredar nuestros recursos, de seguir causando
vulnerabilidades humanas y en la caída del desastre ambiental, tanto
local como mundial. Como si esto fuera poco, ya se anuncian nuevos
créditos para la producción de etanol en países pobres.
Para
demostrar que de verdad se quiere luchar por revertir el calentamiento
de La Tierra, es urgente explorar nuevas formas de energía, como el
hidrógeno tan abundante en el planeta, replantear el uso de la energía
atómica, o ampliar los estudios de la energía solar, siempre y cuando
la óptica sea ambiental y humanística, y no la búsqueda de ganancia
monetaria. No es una empresa la que está en riesgo, ni siquiera la
población de un país, es la humanidad entera. Y si lo anterior no se le
ocurre a alguien, hay que pensar antes en una política energética, tal
como lo propuso, recientemente, el doctor Ricardo Navarro.