Actualmente,
la contaminación química ha alcanzado, junto al hombre, a focas, ballenas y
osos polares, entre otras especies. El lanzamiento del informe coincide con la
presentación pública de la Campaña DetoX, que persigue la adopción de una
legislación europea más estricta sobre los productos químicos, cuya producción
global anual ha pasado de 1 millón a 400 millones de toneladas en los últimos
70 años.
Mientras
la contaminación de humanos y animales por substancias químicas dañinas como
el DDT o los PCBs ha sido ya ampliamente documentada, los peligros de muchos
productos químicos que todavía están el mercado y que han sido recientemente
estudiados, apenas comienzan a conocerse ahora. Es una de las afirmaciones del
nuevo informe de WWF/Adena Causes for concern: Chemicals and Wildlife. El
documento destaca como nuevos peligros tóxicos a compuestos perfluorados,
ftalatos, fenoles y retardantes de fuego bromados (BFRs). Los primeros se
utilizan en la producción textil, envasado de alimentos y revestimientos
antiadherentes como el teflón, mientras que los segundos se pueden encontrar en
plásticos (incluyendo el PVC). Por otro lado, los compuestos fenólicos se
detectan en latas de alimentos, botellas de plástico y carcasas de ordenadores,
mientras los BFRs se hallan en algunos tejidos y televisiones.
Según este informe, estos compuestos tóxicos, que contaminan una amplia
variedad de seres vivos, pueden provocar enfermedades como el cáncer, dañar el
sistema inmunológico, ocasionar problemas de conducta o alteraciones
hormonales. Los científicos han encontrado compuestos perfluorados
–clasificados como substancias químicas cancerígenas por la Agencia de
Protección Ambiental de EEUU- en delfines, ballenas y cormoranes del Mediterráneo,
focas y águilas marinas del Báltico y osos polares. Asimismo, cada año,
cientos de pájaros domésticos mueren como consecuencia de las emanaciones y
partículas procedentes de baterías de cocina con revestimientos de teflón.
Cabe citar también que la exposición a un compuesto llamado Bifenol A ha
producido el cambio de sexo en yacarés overos, un pariente del caimán
sudamericano, y que los BFRs han sido encontrados en cachalotes y focas del Ártico
canadiense y, recientemente, en huevos de halcón peregrino.
WWF/Adena denuncia a través de su campaña que la actual legislación que debería
proteger a las personas y la naturaleza de los efectos negativos de estas
substancias químicas peligrosas no es efectiva. La organización
conservacionista ha realizado un llamamiento para la adopción y fortalecimiento
de una ley europea conocida como REACH (siglas en inglés de Registro, Evaluación
y Autorización de Productos químicos) que podría obligar a los productores e
importadores a proporcionar información sobre seguridad de los aproximadamente
30.000 productos químicos comercializados anualmente en Europa.
Según Clifton Curtis, Director del Programa de Tóxicos de WWF-Internacional,
“la investigación científica está documentando cada vez más la importancia
de la exposición de los seres humanos y la vida silvestre a los productos químicos.
Los futuros riesgos sólo podrán evitarse si se informa sobre los efectos de
estas substancias y se eliminan lo más peligrosos”. “Los compuestos
perfluorados son el ejemplo perfecto de la necesidad de que exista REACH. No en
vano, empresas como 3M o DuPont han investigado estas substancias durante 30 años
pero nunca han compartido los resultados. REACH no debería permitirlo”,
concluyó Curtis.
El informe advierte también de la evidencia de que sigue produciéndose una
amplia contaminación ambiental, de personas y animales, por substancias químicas
ya prohibidas o de uso restringido, como los PCBs, DDT, atrazina, y TBT. Según
WWF/Adena, esto demuestra la persistencia de estos productos y la importancia de
impedir la acumulación de los productos químicos de nueva generación sobre el
medio ambiente.
WWF/Adena destaca que el principio de precaución es indispensable para reducir
los riesgos de los antiguos y nuevos productos químicos. Abordando este
principio, REACH responderá también a la falta de información sobre seguridad
de los productos químicos en el mercado.