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 Combatiendo el Cambio Climático Oportunidad Económica o Suicidio Económico

Cambio Climático

Cuando los equipos de los Estados Unidos y Gran Bretaña inventaron las primeras computadoras, éstas costaban varios cientos de miles de dólares y se les consideraba como lujos de poca atracción para el mercado masivo.





De hecho, era una época en donde se pensaba que un país industrialmente moderno podría necesitar una o dos computadoras, en caso de ser necesario.

Hoy en día, dicha proyección a corto plazo parece divertida. Millones de personas a lo ancho del mundo son empleadas por industrias de computación o compañías relacionadas. La revolución de Internet, basada en la computadora y las telecomunicaciones computarizadas, está creando una nueva era comercial e industrial basada en la electrónica.

Estamos al borde de otro salto industrial, en donde el uso ineficiente de combustibles fósiles, tales como el carbón y el petróleo serán reducidos; y en donde la máquina de escribir y la perforadora de tarjetas de antaño, enfrentan nuevas competencias que comienzan a establecer sus marcas.

Las centrales eléctricas convencionales y modernas son casi el doble de eficientes a las de hace unas décadas.

Las energías alternativas, como la solar y la de viento, están llegando a su mayoría de edad y los costos por unidad de electricidad continúan desplomándose.

Los compartimentos de los tanques de combustible, que obtenían energía del metano, etano e hidrógeno, ahora ya están fuera del laboratorio. La mayoría de los productores de autos, incluyendo a Toyota y Daimler Chrysler, tienen por lo menos un auto de demostración a prueba.

General Motors, por ejemplo, calcula que tendrá un vehículo comercial disponible para 2010. El nuevo gobernador de California ha prometido tener estaciones con combustible de hidrógeno, así como las carreteras más grandes en una fecha similar.

El que dichos desarrollos estén sucediendo, no es en pequeña medida a causa de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, cuya entrada en vigor este mes celebramos y el Protocolo de Kyoto, el tratado internacional producido por la Convención designada para lograr recortes en emisiones de gases que causan el calentamiento global.

La creación del Protocolo, en Japón en 1997, siguió a evidencia urgente de alrededor de unos 2,000 científicos del Panel Inter-Gubernamental sobre Cambio Climático, que el uso desenfrenado de combustibles fósiles detonaría efectos globales catastróficos, incluyendo inundaciones, sequías, incremento del nivel del mar y esparcimiento de enfermedades a nivel catastrófico.

Pocos cuestionan estos descubrimientos. Los que desaceleran la acción son aquellos cuyos ábacos y calculadoras giran para tratar de calcular los euros, dólares, rublos y yenes.

Rusia, cuya ratificación, consolidaría la entrada en vigor de Kyoto, tiene a personas convencidas de que los costos de acatamiento sobrepasan las ventajas económicas.

Otras voces, que expresan preocupaciones similares, continúan siendo escuchadas en los Estados Unidos. Las nuevas ejercen sus cuerdas vocales en Europa.

Yo le pediría a aquellos que ven el Protocolo de Kyoto como una camisa de fuerza, como una represión al crecimiento económico, que piensen nuevamente y que vean más allá de las sumas simples y los cálculos estrechos.

Primeramente, los objetivos para la primera fase de reducciones de invernadero, un poco arriba de cinco por ciento, entre 2008 y 2012, son modestas para decirlas al final.

Segundo, el Protocolo fue diseñado para ser flexible. Hay numerosas acciones que los gobiernos y la industria pueden aceptar, tanto en casa como fuera del país, como para recortar y compensar las emisiones, incluyendo el intercambio de carbón.

De hecho, la Comisión Europea estima que el esquema de intercambio a lo largo de Europa reducirá los costos de acatamiento en un 35 por ciento, o 1.3 mil millones de euros, para 2010.

Provisiones, tales como el Mecanismo de Desarrollo Limpio, en donde los países industrializados pueden compensar sus emisiones por esquemas de energía verde y limpia en países no industrializados y no sólo daría electricidad a los lugares más necesitados y pobres del mundo. Deberían incrementar prospectos de mercados, exportaciones y creación de empleos, tanto en casa como fuera del país.

Los beneficios económicos de reducir la dependencia de los combustibles fósiles van más allá. Munich Re, una de las compañías de reaseguro más grandes del mundo, estima que las pérdidas económicas, como resultado de desastres principalmente relacionados con el clima, llegó a $65 mil millones de dólares en 2003.

Además, también hay otros impactos económicos debido al uso ineficiente y continuo de combustibles basados en el carbón, incluyendo a aquellos en la salud humana y los hábitats del ecosistema, tales como bosques y lagos.

Estimar los impactos más grandes y precisos no es tarea fácil. Sin embargo, David Perace, profesor de economía de la University College of London ha tenido una prueba por el Reino Unido.

La contaminación del aire debido al tráfico podría costarle al país cerca de $5 mil millones de dólares al año, principalmente por daños a la salud.

Nuevos costos económicos pueden estar en el horizonte. En Jeju, Corea del Sur, a finales de este mes, el PNUMA sostendrá su reunión anual de ministros del medio ambiente. Tormentas de polvo y zonas de muerte en el océano serán remarcadas junto con sus uniones a la contaminación y el cambio climático.

Evitar amenazas masivas debido al cambio climático y los impactos significativos de contaminación del aire similares, requiere imaginación, visión y, sobre todo, coraje.

También existe una dimensión moral, considerando que aquellos que más sufren son los más pobres de los pobres, cuya responsabilidad de provocar las calamidades del cambio climático son casi, si no es que totalmente, nulas.

Luchar contra el cambio climático requiere gobiernos, negocios y ciudadanos a lo largo del mundo que aprovechen las nuevas tecnologías y actúen para desarrollar aquellas aún en el laboratorio o en la mente creativa de la próxima generación de ingenieros.

Sistemas de impuestos creativos y medidas fiscales que estimulen la innovación y cambios en el estilo de vida necesitan ser parte del paquete. Un Protocolo de Kyoto completamente funcional nos ofrece el ímpetu colectivo de atraer un rápido cambio en lugar de uno tardío.

Entre más nos tardemos, más alto será el costo de la no acción de la gente en el mundo.

Es entonces que el Protocolo de Kyoto no es una receta para el desastre económico, al contrario. A lo largo del tiempo, es probable que genere prosperidad y ahorro financiero, en lugar de un suicidio económico.

Seguro que habrá perdedores, como pasó con los productores de máquinas de escribir, las máquinas perforadoras y los tabuladores al aparecer la computadora.

Sin embargo, no todo pasó como con los dinosaurios. Algunos, como IBM, han tenido la visión de reestructurar su viejo negocio y enfrentar la era de las computadoras. Pudo haber dolor, pero en general, la ganancia a largo plazo para aquellos dispuestos a cambiar, puede ser como “Gran Azul” nos mostró, puede ser

Por Klaus Toepfer, Director Ejecutivo del programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en el 10º Aniversario de la Entrada en Vigor de la Convención de Cambio Climático



 




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