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 En Argentina el reciclado de botellas de Pet aumentó 12 veces en cinco años

Reciclado

La actividad creció en especial en comunas del interior. El plástico se utiliza para hacer poliéster, escobas, blisters y ladrillos. Consecuencia de la crisis, pero también de una incipiente conciencia ambiental, el reciclado de envases de plástico ha crecido en los últimos años en la Argentina





Hasta hace poco, el destino de ese material era exclusivamente la exportación, hacia China, donde es convertido en fibras de poliéster, materia prima para la industria textil: los buzos denominados polares son los exponentes más genuinos del uso del plástico reciclado.

La industria local fue incorporando en forma paulatina este material, con el que hoy se fabrican desde escobas plásticas hasta bandejas, blisters, envases para alimentos frescos, fibras textiles y hasta ladrillos y vigas.

El PET (siglas que hacen referencia al tereftalato de polietileno) es el material plástico con el cual se elaboran los envases de bebidas gaseosas y aguas minerales, entre otras. Las botellas son descartables, por lo que su destino suele ser la bolsa de basura y, por extensión, los rellenos sanitarios donde se depositan los residuos domiciliarios.

Desde principios de la década del ‘90, cuando comenzaron a impulsarse programas de recolección diferenciada de residuos en pequeños municipios del interior, el interés por recuperar las botellas y destinarlas al reciclado comenzó a crecer.

De acuerdo con los datos de la Asociación Pro Reciclado del PET (Arpet), en el año 2002 se recuperaron 10.250 toneladas de ese material, un 1200 por ciento más que las 780 toneladas obtenidas en 1997. “Este crecimiento es el resultado del aumento de la conciencia ambiental en la población: una modesta acción de cada familia o individuo, inscripta en un programa municipal, se transforma en un importante beneficio para el conjunto de la sociedad”, explicó el director ejecutivo de Arpet, José Pronato.

El PET es un producto de la industria petroquímica que en la Argentina tiene un proveedor monopólico, la empresa Voridian, que produce la materia prima en el país desde 1999.

En una línea intermedia, otras empresas se dedican a elaborar con esa materia prima tubitos de plástico, de los cuales se obtiene, por soplado, la botella, elaborada por lo general por las grandes embotelladoras.

“La clave para la recuperación del PET es la separación domiciliaria de la basura y la recolección diferenciada”, explica Pronato a Página/12. Las botellas recolectadas son compactadas y luego trituradas en molinos, hasta obtener una suerte de picadillo de plástico.

El procesamiento de estas escamas puede derivar en la obtención de fibra poliéster, destinada a la industria textil, o monofilamentos de plástico, con los que se elaboran las escobas o escobillones que se encuentran en el sector limpieza de cualquier supermercado.

“Desde el año pasado, se fabrican en la Argentina sunchos de plástico, utilizados para embalaje, que antes se importaban”, precisó Pronato. Y agregó que ya hay una fábrica que elabora en el país la fibra poliéster destinada a la industria textil, a partir del reciclado de botellas. “Cuando la fibra no es apta para hilado, puede ser utilizada como relleno de almohadones”, añadió.

El PET molido también se usa como aditivo para la elaboración de materiales de construcción, como ladrillos o vigas de hormigón.

El programa se lleva a cabo en municipios pequeños y no tanto de la provincia de Buenos Aires, como Laprida, Puán, Trenque Lauquen, Tapalqué, Pringles, Pergamino, Pigüé, Rauch y Dolores. Bahía Blanca es la primera gran ciudad donde se lleva a cabo el programa.

“En localidades de Entre Ríos, por ejemplo, se trabajó con los municipios en la transformación de las botellas recolectadas en madera plástica, con la que pueden elaborarse desde bancos de plaza hasta muebles sencillos y cestos de basura”, dijo el titular de la Asociación. Arpet es una ONG cuya misión es promover el reciclado del plástico.

Financiada principalmente por las empresas productoras y proveedoras de materia prima, se dedica a asesorar a los emprendimientos de recicladores y a los municipios interesados en incorporarse a este proyecto. “Para ser viable, el programa debe tener tres patas: consenso en la comunidad sobre la necesidad de proteger el medio ambiente, factibilidad económica y decisión política del intendente”, afirmó Pronato. “No es un emprendimiento que se pueda hacer a partir de una ordenanza –aclaró–.

Si no existe una militancia social no funciona.”

Informe: Daniela Capano (AUNO/Ciencia)




 




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