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| Desmonte imprudente afecta ecosistema |
 En el afán por incorporar tierras a la producción de
granos se están desmontando áreas frágiles; los especialistas advierten sobre
el riesgo de perder ecosistemas únicos
La expansión
de la frontera agrícola no es un hecho novedoso en la Argentina, es cierto. Sin
embargo, lo que hoy se discute es que, en el afán por incorporar tierras al
sistema productivo -actitud que podría ser considerada positiva en sí misma-,
se está avanzando sobre áreas frágiles. Esa fragilidad, que comprende no sólo
al tipo de suelo, sino también a la biodiversidad de las regiones y a quienes
en ellas habitan, podría implicar, según dijeron a LA NACION expertos en el
tema, la pérdida de ecosistemas en forma irrecuperable.
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"En los
últimos años se reactivaron los procesos de desmontes, con un avance muy
preocupante hacia ecosistemas frágiles como los semiáridos", advirtió el
director del Instituto de Suelos del INTA Castelar, Roberto Casas. Tal expansión
se fundamentó en los buenos precios de los granos, en particular de la soja.
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Hoy, ver una
topadora en medio de una zona boscosa dejó de ser una imagen ajena en Santiago
del Estero, Chaco, Salta, Tucumán y Entre Ríos. Entre los ciclos 1999/2000 y
2002/2003 esas provincias aportaron 1.747.400 hectáreas a la producción
argentina de soja (14,26% del crecimiento total del área sojera). Allí, la
oleaginosa ocupó campos antes dedicados a otras actividades agropecuarias, en
particular a economías regionales (algodón, poroto, arroz, etcétera) o se
abrió paso en nuevos terrenos, previos desmontes.
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En la región
chaqueña -una de las áreas del país donde más se acentuó el crecimiento de
la frontera agrícola- se proyecta que la superficie cultivada pasaría de los
4.886.779 hectáreas del ciclo 1995/1996 a poco más de 9.200.000 de hectáreas
en 2010, según se detalla en un trabajo de investigación realizado por
docentes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de
Buenos Aires sobre la base de imágenes satelitales. Uno de sus autores, el
ingeniero agrónomo Jorge Adámoli -profesor asociado del Departamento de Ecología,
Genética y Evolución- dijo a LA NACION que esa expansión "implica el
desmonte de más de 4.313.000 hectáreas cubiertas por bosques".
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Avance imprudente
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El estudio señala
que el mayor crecimiento dentro de la región chaqueña está ocurriendo y tiene
perspectivas de profundizarse, en el chaco semiárido, impulsado desde el Este
por las áreas agrícolas del límite provincial entre Chaco y Santiago del
Estero y desde el Oeste por las áreas agrícolas del límite entre Salta con
las provincias de Tucumán y Santiago del Estero.
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"Se está
avanzando de forma muy imprudente, muy peligrosa sobre áreas que históricamente
han formado parte del chaco semiárido, e incluso árido, por el hecho de que en
los últimos años hay un desvío climático positivo, llueve más", indicó
Adámoli.
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En el mismo
sentido, Casas señaló: "Es esperable que se reviertan las condiciones
climáticas favorables. Basta mirar las estadísticas históricas de lluvias y
las secuencias de períodos de mayor humedad y ciclos secos. Lo que ocurre es
que ahora, cuando nos toque un ciclo seco, no vamos a tener el bosque, que
retienen agua en el suelo, sino áreas desmontadas".
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Los suelos de
la región chaqueña, y particularmente los de la zona semiárida, son muy ricos
en limo, fracción que le da una alta inestabilidad a los suelos. Según Casas,
la tendencia hacia el monocultivo de soja es muy preocupante debido a que es un
cultivo que deja muy poco rastrojo. El suelo queda rápidamente desprotegido.
"Ante un período seco esas tierras van a sufrir un proceso de erosión eólica
muy fuerte. A eso sumémosle la caída de la materia orgánica por la alta tasa
de mineralización y la pérdida de la fertilidad, ya que se está haciendo
agricultura sin reposición de nutrientes, particularmente fósforo. Si no se
trabaja bien, en esos suelos sólo van a quedar las fracciones de arena y
limo". Para que eso no ocurra es unánime la recomendación de rotar
cultivos y actividades.
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El punto
sobre el que mayor énfasis pusieron los especialistas consultados fue la
necesidad de cumplir las normas vigentes en materia de desmontes, algo que hoy
no ocurre, según los especialistas consultados.
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"Por un
pedido del interventor federal en Santiago del Estero, Pablo Lanusse, realizamos
un relevamiento sobre las superficies desmontadas en la provincia. Ese análisis
demostró que entre 1990 y 2003 se desmontó cerca de 1 millón de hectáreas,
cuando la superficie autorizada era levemente superior a las 400.000 hectáreas",
dijo a LA NACION Publio Araujo, profesor de Ordenación de Montes, en la
Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del
Estero.
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El
especialista agregó que el estudio dejó en evidencia lo mal que se ha
trabajado. "Se avanzó sobre el centro norte santiagueño, área que estaba
en un período de recuperación forestal. Donde los desmontes debían ser mínimos,
se sacó todo. Ni siquiera dejaron las cortinas forestales de protección que
determinan las normas legales", lamentó Araujo.
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La pregunta
que surge ante semejante cuadro de situación es por qué se continúa
trabajando mal y en áreas endebles, tanto por sus suelos como por las amplias
variaciones climáticas. "Hay varios motivos. El principal es la rápida y
alta rentabilidad de la soja en esas tierras que son baratas y de buena
fertilidad para el corto plazo. Los suelos de desmontes son ricos en materia orgánica,
tienen un 4,5/5% de materia orgánica y entre 50 y 60 partes por millón de fósforo,
lo que permite realizar el cultivo de soja sin la utilización de
fertilizantes", explicó Casas.
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Además de la
región chaqueña, Casas dijo que se está avanzando con los desmontes en la
franja central de La Pampa en la que predominan los montes de caldén. "Allí
los suelos son muy arenosos y, por ende, muy susceptibles a la erosión eólica.
En la zona norte de Entre Ríos también hay un preocupante proceso de
habilitación de tierras, dado que se trata de suelos muy arcillosos y con una
marcada pendiente, factores que favorecen la erosión hídrica."
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Escenario
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"Con el
cultivo que sea, si la situación sigue fuera de control la gran oportunidad que
tiene la Argentina de aprovechar a los buenos agricultores se puede convertir,
al menos en la región chaqueña, en una situación grave, que dispare un
proceso de desertificación. Si esto ocurre tendremos un panorama muy
preocupante: habremos perdido el bosque, el suelo y habremos expulsado a la mano
de obra. No nos interesa sólo la conservación de la biodiversidad, sino también
el patrimonio agrícola", destacó Adámoli.
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Para evitar
daños irreparables, que perjudicarán tanto al medio ambiente como a la
actividad agropecuaria en general, Adámoli reclamó una acción urgente de
parte de los gobiernos provinciales. "No tenemos cinco años para meditar.
Las decisiones hay que tomarlas ya".
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Por Dante A. Rofi
De la Redacción de LA NACION
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