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| Hay que reinvertir en el Ambiente |
 João Carlos de Moraes Sá, especialista brasileño en
manejo de suelos y dinámica de la materia orgánica en los sistemas agrícolas,
señala la importancia del conservacionismo
Reinvertir
en el ambiente es también una forma de ganar dinero", aseguró João
Carlos de Moraes Sá, reconocido especialista en manejo de suelos y dinámica de
la materia orgánica en sistemas agrícolas.
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Como
observador del deterioro del recurso en Brasil y la Argentina, este ingeniero
agrónomo, investigador y docente de la Universidad de Ponta Grossa -que estuvo
en la Argentina para participar de la celebración de los sesenta años del
Instituto de Suelos del INTA Castelar-, aconseja invertir en la recuperación de
los niveles originales de materia orgánica como paso fundamental hacia la
sustentabilidad. "Hay suficiente información para demostrar que cada gramo
de materia orgánica que se incorpore al suelo retornará en determinada
cantidad de agua, de nutrientes esenciales y de aire. Hay datos disponibles no sólo
a nivel experimental sino también en proyectos de gran escala", comenta
Moraes Sá.
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Atento a la
polémica que despertó en la Argentina el avance indiscriminado de la frontera
agrícola sobre regiones antes consideradas marginales, señaló: "Los
agronegocios son la principal opción económica en la actualidad. Pero como es
propio de los países latinos, el avance de los cultivos es desordenado, sin
planificación, y esto tiene un gran impacto en el ambiente."
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Moraes Sá
lamenta que no hayamos aprendido de los europeos, "que destruyeron (el
suelo) y ahora pagan para conservar", y observa que si bien disponemos de
tecnología para desarrollar buenos sistemas de producción, el deterioro de las
zonas frágiles será muy difícil de subsanar.
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"Este
desorden con que se van corriendo los límites impactará en la comunidad como
un todo, en lo social, en lo económico, en lo ambiental", advierte.
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En Brasil
-según sus palabras-, el Gobierno hace un gran esfuerzo para contener el
desmonte pero, por ahora, la presión de los inversores es más fuerte. Hay que
aclarar que la explotación de tierras vírgenes en Los Cerrados (en el
centro-oeste de Brasil) podría extender el área sojera en unos 50 millones de
hectáreas, en pocos años, si las condiciones económicas acompañan esta
expansión.
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"Estamos
sufriendo el ciclo de la sojización, dijo, con acierto, un economista brasileño",
apuntó Moraes Sá. Desde su punto de vista, "este sueño" (de precios
altos y buen régimen de lluvias) no se extenderá más allá del 2008, de
manera que "éste es el momento para repensar el negocio y su
estrategia". En el futuro inmediato -advierte- la oportunidad será cómo
ganar dinero a partir de la conservación del ambiente. "Por ahora el
mercado estimula esta búsqueda de ganancia a cualquier costo, pero ya es hora
de cambiar hacia un sistema de mayor seguridad, hacia un sistema basado en la
conservación", acotó.
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-¿Cuáles
serían los desafíos agronómicos en un escenario de permanente adquisición de
conocimientos y de apropiación de nuevas herramientas?
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-Hay que
pensar en la agricultura como un negocio pero cuya clave sea el equilibrio del
suelo. Veamos por qué es importante este aspecto. Hemos estudiado la pérdida
de materia orgánica original asociada al laboreo convencional y la monocultura,
en regiones de climas templados, y tenemos los siguientes datos: en los últimos
50 años, en Canadá y Estados Unidos (latitud 42° N) se perdió entre el 48 y
el 58%; en los últimos 20 años, en la franja que va de Pergamino a Capitán
Sarmiento (latitud 32° S) la disminución de la materia orgánica osciló entre
el 24 y el 60%; en la última década, en Ponta Grossa (latitud 25° S) se
registró una caída del 35%, mientras que en los últimos cinco años, en Los
Cerrados (latitud 13° S), los niveles de materia orgánica cayeron entre el 35
y el 69 por ciento. Con estas cifras, Moraes Sá espera que los productores
reconozcan que una agricultura viable desde todo punto de vista depende del
cuidado de su potencial productivo. "Un sistema sustentable no da
oportunidad para la imprevisión", señala con preocupación evidente por
la intensificación agrícola en áreas frágiles (en diferentes aspectos, no sólo
desde el punto de vista estructural). Para el caso de Brasil, Moraes Sá
considera que la introducción de la ganadería será la salida hacia la
sustentabilidad.
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-¿La siembra
directa es la técnica que mejor ha interpretado esta lectura del sistema como
una totalidad?
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-Sí. La
siembra directa no sólo fue una revolución para los agronegocios sino también
para la comunidad científica, que fue entrenada en un enfoque reduccionista.
Esta técnica nos permitió ver que en la agricultura son más importantes las
interacciones que los efectos aislados.
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Se refiere al
hecho de que la siembra directa tiende a mejorar las propiedades biológicas, químicas
y bioquímicas de los suelos.
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Según
explica Moraes Sá, el siguiente desafío para los científicos argentinos y
brasileños será trabajar en equipos multidisciplinarios. "Europa tiene
una visión de sistema mientras que en los Estados Unidos la interacción surge
porque es negocio. Nosotros, en cambio, por falta de recursos, tendemos a
aislarnos cuando, precisamente, deberíamos trabajar juntos", evalúa.
Moraes Sá se refiere, por ejemplo, al hecho de que un ingeniero agrónomo
trabaje sobre la base de la investigación de un fitopatólogo.
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Formación e intercambio
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Su interés
por compartir los resultados de sus investigaciones sobre la contribución de la
siembra directa (bajo rotaciones que aporten grandes volúmenes de rastrojos) en
el incremento de la materia orgánica en los primeros diez centímetros de suelo
lo ha llevado a generar un intercambio directo con agricultores y técnicos de
varios países de América. A partir de su experiencia, asegura que la formación
permanente de los productores será decisiva para la generación de cambios, y
aporta un dato que marca una tendencia en Brasil: hubo un gran incremento en la
demanda de vacantes para ingresar en las facultades de agronomía y la carrera
ocupa el segundo lugar en importancia después de la de medicina.
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Moraes Sá
comparte también una reflexión sobre la diferente circunstancia de los
agricultores brasileños y argentinos: "En Brasil el ambiente es más
agresivo. Los suelos son más frágiles desde el punto de vista de la fertilidad
y se necesita generar cambios con mayor rapidez. En la Argentina, en cambio,
partieron de «una situación de abundancia» y ahora tienen que aprender a
revertir el proceso de deterioro, que iniciaron con la labranza convencional y
la intensificación agrícola."
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Lo que los
acerca, en cambio, es que deben alcanzar la máxima eficiencia en el manejo
agronómico y comercial porque la globalización exige a todos por igual, señaló.
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A este
respecto, Roberto Casas, director del Instituto de Suelos del INTA Castelar,
indicó que el aumento de la producción agrícola argentina a 100 millones de
toneladas, "será posible en la medida que se apliquen tecnologías que
aseguren el mantenimiento o mejoramiento de la calidad y la salud del
suelo".
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Por Analía H. Testa
De la Redacción de LA NACION
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