Recientes
avances tecnológicos convierten a la energía del viento en la mejor opción
para reducir la demanda de hidrocarburos, asegura el analista estadounidense en
una columna exclusiva para Tierramérica.
A
medida que la guerra, el terrorismo, la contaminación y la creciente escasez
llevan el precio del petróleo inexorablemente hacia arriba, los políticos y
los productores energéticos escudriñan el horizonte en búsqueda de
alternativas a corto plazo.
La energía solar y la geotérmica, la biomasa y las corrientes oceánicas
pueden contribuir todas ellas de algún modo, pero son insuficientes a corto
plazo para reducir la dependencia del petróleo y la dominación de las oligarquías
que el combustible fósil ha financiado.
Pero una nueva e incitante brisa se está levantando. Quienes abogan por la
energía renovable dicen que el viento ofrece la mejor opción a corto plazo
para reducir la demanda de petróleo, carbón y gas natural.
Recientes adelantos tecnológicos han incrementado la eficiencia de las turbinas
de viento y reducen el precio por kilovatio-hora de la energía eólica, que
ahora resulta competitivo con el del petróleo.
Las guerras libradas en el extranjero, las ocupaciones y las bases militares
para proteger líneas de abastecimiento, la contaminación del aire y el agua,
así como los daños a la salud humana hacen que el verdadero costo del barril
de crudo no sea de 40 dólares sino de 200 dólares o más.
A lo largo y ancho del mundo, el potencial de la energía eólica empequeñece
el de los combustibles de origen fósil y, al contrario de lo que sucede con el
petróleo, el gas y el carbón, su suministro es inagotable.
Pero hasta ahora sólo una minúscula fracción de ese potencial ha sido
explotada. A fines de 2003 se generaban en todo el mundo 39 mil megavatios de
energía eólica, equivalentes a la producción de una docena de plantas de
energía nuclear.
El viento es la fuente de energía de más rápido crecimiento. Según
estimaciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, el viento podría
suministrar más de 15 veces la energía total consumida anualmente en el mundo.
Además de disminuir la adicción del mundo industrializado por el consumo
exclusivo de combustibles fósiles, el viento podría llevar la energía eléctrica
a dos mil millones de personas del mundo subdesarrollado que actualmente no
tienen la perspectiva de contar con ese servicio.
Europa occidental ha logrado el más enérgico desarrollo de los recursos eólicos.
Alemania está a la cabeza con un tercio de toda la producción mundial y la
pequeña Dinamarca obtiene del viento el 20 por ciento de su energía, lo que
representa cinco veces más que lo que produce China de la misma fuente.
Pero incluso en Estados Unidos, cuya política está lubricada con petróleo,
está creciendo una demanda popular a favor de la energía eólica como único
medio de superar el fracasado ciclo económico que ha convertido en ciudades
fantasmas a las que una vez fueron comunidades florecientes.
No obstante lo prometedor de la energía generada por el viento, su desarrollo
está siendo frustrado por numerosos obstáculos, más políticos que tecnológicos.
Los combustibles de origen fósil todavía tienen retorcido el brazo de la
economía y de las políticas globales.
Las compañías transnacionales que dominan actualmente la industria de la energía
y las políticas energéticas nacionales están conscientes de que el petróleo,
el carbón y el gas natural son recursos finitos y en disminución, pero están
decididos a exprimirles los mayores beneficios posibles antes de cambiar a otros
recursos.
Su alternativa favorita no es la energía del viento sino la energía nuclear,
una tecnología altamente peligrosa.
Con situaciones de guerra en varias partes del mundo, los menguantes suministros
de petróleo y el recalentamiento global causado por los gases invernadero, un
cambio hacia la utilización del viento como fuente de energía no resulta
insensato.
Sin embargo, ello no ocurrirá pronto a menos que tanto los individuos como las
instituciones consumidoras de energía reclamen firmemente que sus gobiernos se
comprometan a instalar en forma masiva generadores de energía eólica dentro de
los próximos 25 años.
Fuente:
tierramerica.net