Argentina enfrenta un nuevo desafío, frente a la exigencia de los mercados consumidores que es la de demostrar credibilidad, acerca de los orígenes y los procesos en la cadena agro-alimentaria, hasta llegar a las góndolas del mundo con nuestros tradicionales cortes vacunos.
Europa y particularmente Inglaterra, disparó una crisis de confianza en los consumidores al ocultar la B.S.E (Enfermedad de la vaca loca) durante más de una década, el tiempo suficiente para que ésta enfermedad se propagara como una bomba dentro y fuera de la Unión Europea. Las consecuencias están a la vista: una drástica caida del consumo de carne vacuna a nivel mundial.
La sensación de catástrofe invadió los principales titulares periodísticos del mundo. Nuestro país silenciosamente capacitó a sus técnicos a fines de la década del 80 y luego puso en marcha la vigilancia epidemiólogica de la B.S.E, con el muestreo en plantas faenadoras de encéfalo e igual material de Bovinos con sintomatología nerviosa, habiéndose demostrado que la enfermedad está ausente del rodeo nacional. El país fue calificado por la O.I.E (Oficina Internacional de Epizootias) como de bajo riesgo.
Alguien se preguntará ¿si no tenemos B.S.E por que razón se nos impone la trazabilidad? La reciente crisis de la aftosa con su ocultamiento, fue el Pretexto para condenarnos como país exportador de carnes rojas enfriadas. Podrán conjeturarse muchos argumentos en favor o en contra de la medida adoptada, pero nuestra realidad nos muestra números descarnados.
Argentina perdió en poco más de un año, por todo concepto, cerca de U$S 2.500.000.000, esta dura lección nos debe servir para enfrentar con firmeza este desafío de la implemetación de la trazabilidad, y que además sirva en lo interno: para ordenar la propiedad del ganado; registrar productiva y sanitariamente a nuestros rodeos como así también a todo el circuito comercial de ganados y carnes; en definitiva, crear identidad animal, individual e inviolable que le asegure al productor, frigorífico, minorista y consumidor; que el producto que consume cuenta con la garantía de origen y procesamiento en un sistema trasparente y auditable en cualquiera de sus eslabones, además de agregar valor a los cueros vacunos evitando la marcación a fuego en lugares que deterioran su valor comercial, recordando que en el año 1999 Argentina exportó cueros procesados por valor de más de U$S 900.000.000.
Para ello se conformará una base de datos, con soportes electrónicos capaces de almacenar y procesar en tiempo real la información requerida. No existe otro camino, se nos acabaron los tiempos para instrumentar políticas gradualistas, que tendrán sólo excepciones frente a catástrofes naturales y ésta debe ser una obligación del estado y como tal, él mismo debe asumir su parte contribuyendo a la implementación del o los sistemas de identificación y procesamiento de datos.
El desafío es hoy o nunca, quienes obstruyan o dificulten su Implementación, pertenezcan al ámbito oficial o privado, están condenando al futuro de la agro-industria argentina.
Dr. Cristian Fernando Bianchi
Breeds, Servicios Profesionales Veterinarios
Vicepresidente de la Asociación de Productores de Carne Bovina Argentina (Aprocaboa)