El
pasado viernes Rusia aprobó la ratificación del Protocolo de Kyoto, acuerdo
auspiciado por la ONU que busca que los países industrializados reduzcan las
emisiones de gases del efecto invernadero que provocan el calentamiento de la
tierra y el cambio climático.
La decisión rusa -pese a que todavía debe ser
aprobada por el Parlamento- implica un importante paso para quienes impulsan
dicho protocolo, ya que era necesario que al menos 55 países, que sumaran el
55% de las emisiones mundiales, lo ratificaran. Antes de Rusia, que es
responsable del 17,4%, sólo se llegaba al 44,2% de los gases tóxicos que
afectan la capa de ozono.
El Protocolo de Kyoto fue firmado en la ciudad japonesa del mismo nombre en el año
1997 y exige que entre 2008 y 2012 las naciones industrializadas deben reducir
un 5,2% sus emisiones de gases de efecto invernadero -respecto de los niveles
exhibidos en 1990.
Antes de Rusia, el gran ausente entre los países ratificantes era Estados
Unidos. No obstante, el gobierno de George Bush ratificó su negativa a revisar
su decisión de no adherir al protocolo reiterando que va en contra de los
intereses de la economía norteamericana.
Entre las alternativas para la reducción de emisiones de gas de efecto
invernadero, el protocolo propone los llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio
(MDL), los que ofrecen la posibilidad a los países desarrollados de reducir
emisiones fuera de sus fronteras, financiando la producción de energía limpia
en países en desarrollo.
A partir de enero del próximo año, todos los países de la Unión Europea que
firmaron el Protocolo de Kyoto deberán empezar con las cuotas de reducción de
la contaminación mundial, lo que haría que a partir de esa fecha se produzca
una explosiva demanda por bonos de carbono e interesantes oportunidades de
negocios. Pero en Chile, las cosas avanzan y así destaca el caso del holding
Agrosuper, el que firmó la venta de bonos de carbono por un monto superior a
US$ 25 millones, lo que fue suscrito con las compañías eléctricas Tokio
Electric Power Company de Japón y Transalta Corporation de Canadá.
Sin duda un panorama positivo, el que representa enormes potencialidades de
negocio para países como Chile, donde, de acuerdo a los expertos, reducir
emisiones resulta más barato que en los países industrializados.
Fuente: eldiario.cl