El especialista en
economía y gerenciamiento social, que acaba de recibir el premio AMIA 04 en
reconocimiento a su labor para renovar las políticas sociales del continente,
explica por qué defiende el Plan Jefes y Jefas de Hogar y cuenta cómo puede
llevarse a la práctica el ideal de una economía basada en la ética
Clarita Kliksberg era una poetisa en lengua
idish, pero sobre todo era una mujer que siempre se hacía tiempo para ayudar a
los demás. Desde que se levantaba hasta la medianoche, además de ayudar a su
marido, también comprometido con la comunidads, y de atender a sus tres hijos
en el más que humilde departamento familiar del barrio de Once, se convertía
ella misma en un programa de solidaridad social caminando: el barrio entero la
conocía porque ayudaba a todo el mundo. Quien hoy la recuerda así es uno de
esos tres hijos, Bernardo Kliksberg, a quien el jueves le entregaron el
"Premio AMIA 04" en reconocimiento a su compromiso con los más
necesitados y a su infatigable labor política e intelectual para renovar las
políticas sociales del continente. Es que las enseñanzas bíblicas y el
trabajo solidario estuvieron tan presentes en la infancia de Bernardo Kliksberg
como la taza de leche que tomaba todos los días en la mesa familiar.
Eso tal vez ayude a explicar por qué con cinco títulos universitarios -es
doctor en Economía y en Ciencias administrativas, sociólogo, contador y
licenciado en Administración de empresas-, más de veinte libros publicados -el
más reciente, Más etica, más desarrollo- y una trayectoria internacional que
lo ha llevado a los máximos niveles de organismos internacionales como el BID y
las Naciones Unidas, él pueda decir que "de todos esos méritos, el único
que rescato es el sentimiento profundo de indignación ante la injusticia, que
heredé, humildemente, de los profetas de Israel que se levantaron contra la
injusticia".
En diálogo con LA NACION, este hombre que se reconoce como el padre del
gerenciamiento social elogió la gestión de Alicia Kirchner -la ministra de
Desarrollo Social-, la marcha de los Planes Jefes y Jefas de hogar, y habló de
su trabajo en pos de una economía basada en la ética.
-¿Cómo se lleva a la práctica ese ideal?
-Lula, el presidente de Brasil, en donde también estoy asesorando, ha dicho
que, cuando él termine su mandato, su gestión de gobierno deberá ser evaluada
según un indicador fundamental: si todos en el país comen al menos tres veces
por día. No habla de los indicadores macroeconómicos, no habla del PBI. La
trampa de nuestra época es que los medios han consumido a los fines. Ningún
indicador de crecimiento económico sirve si no se refleja en pleno empleo,
gente sin hambre, mejores políticas para la juventud, en fin, si no se refleja
en una vida mejor para los pueblos. Hoy hay una opinión unánime sobre esto, no
hay discrepancias mayores en el discurso respecto de que la economía debería
estar al servicio de esos valores.
-Parecería haber dos categorías de valores, los positivos -solidaridad,
justicia, equidad-, en los que al menos discursivamente hay acuerdo general, y
otros menos confesables, como la ambición desmedida, la acumulación de riqueza
sin frenos, el prestigio social de los winners aun cuando sean corruptos, evadan
impuestos o no cumplan las leyes laborales. Los primeros son los que se enuncian
en las cumbres políticas; los segundos, ¿son los que mueven el mundo?
-Yo comprendo totalmente la perspectiva que plantea y parte de mi obra está
dirigida a demostrar que esto que llamamos problemas sociales o insuficiencias
económicas son graves violaciones éticas. El año passado murieron 23 mil
madres en América latina en el momento de dar a luz y hay 40 millones de niños
viviendo en las calles de América latina.
-Usted habla de escándalo ético, pero si no llevamos eso al terreno de las
leyes, que es el modo en que la ética en nuestras sociedades se hace presente,
corremos el riesgo de quedar sólo en los buenos propósitos. Que haya niños
que mueren de hambre es una violación a la ética, pero también es una violación
a leyes vigentes, por ejemplo, que se evadan impuestos y se le quite capacidad
de acción al Estado, o que los fondos ya girados se desvíen.
-Estoy completamente de acuerdo. Pero no crea que se trata nada más que de
palabras, porque una vez que se admite que estas realidades constituyen gravísimas
violaciones a la ética, y esto es parte del esfuerzo que estamos haciendo,
surge una agenda de responsablilidades éticas muy concretas que van en la
dirección de unificar el discurso con las prácticas políticas y económicas.
Yo vengo ahora de Río Grande do Sul, adonde fui invitado por la asamblea
legislativa, porque están discutiendo un proyecto de ley que es la
Responsabilidad Etica de las Políticas Públicas y que consiste, básicamente,
en que una vez por año, así como el Estado presenta un plan presupuestario,
presente un plan de metas ético-sociales que fijen en cuánto se compromete
anualmente a reducir la mortalidad infantil, la mortalidad materna, la
desnutrición, la deserción escolar, los niveles de exclusión social. El
Estado de Río Grande debería publicar anualmente el balance social de su gestión
y se establecen órganos de control de la sociedad civil. Este es un ejemplo de
los avances que se están haciendo para que la ética no sea sólo un discurso.
-¿Y el sector privado?
-Se le piden cinco cosas a la empresa privada: trato limpio con los
consumidores; que tenga muy buen trato con su personal (especialmente que ayude
a que las obligaciones laborales no impidan el cuidado de la familia); que
preserve el medio ambiente; que sea un ciudadano ejemplar participando en las
causas de interés público y, por último, que en sus inversiones en países en
desarrollo tengan la misma ética que se exige en las socieades más
desarrolladas.
-¿Se publican las listas?
-Empezaron a desarrollarse los "isos" de calidad ética, sistemas de
medición a cargo de la sociedad civil; en Francia, Holanda y los países nórdicos
se está trabajando en las primeras leyes que obligan a las empresas privadas a
publicar anualmente su balance social. Aparte de cuánto han ganado, qué han
hecho por la comunidad y por el bien común. En los EE.UU. hoy se calcula que
hay 50 millones de consumidores éticos, que eligen comprar productos de
empresas con mayores niveles de responsabilidad social. Una encuesta reciente
entre consumidores latinoamericanos demostró que las dos terceras partes de los
encuestados estarían dispuestos a pagar un poquito más por productos de
empresas socialmente responsables. Llegará el día en que la competitividad
para la empresa y aun su rentabilidad dependerán en parte de sus acciones éticamente
responsables.
-Cuando los representantes de 113 países denuncian en una reunión cumbre que
la inanición mata a 24.000 personas por día, y admiten además que eso podría
evitarse; cuando banqueros y empresarios hacen declaraciones también en esa línea,
¿no da la sensación de que todos hablaran como si nadie tuviese la culpa? ¿Nunca
pierde la paciencia?
-A mí me alienta mucho una frase del Talmud que dice que el que ayuda a salvar
una sola vida está salvando a la Humanidad. Pero no pierdo la paciencia además
porque vamos logrando resultados, aunque sean lentos.
-Usted es fuente de consulta del Gobierno, ¿le pidieron asesoramiento para
el desarrollo del Plan Jefes y Jefas?
-Sí, brindo un asesoramiento permanente en el Ministerio de Desarrollo Social,
con Alicia Kirchner. Hay una nueva conciencia de cómo hacer política social,
cada vez más descentralizada, a través de los niveles más cercanos a la
ciudadanía.
-Sin embargo hubo muchas denuncias de clientelismo político.
-Desde ya que hay muchos riesgos y ése es uno, pero con una buena articulación
del Estado con la sociedad civil y con las mismas comunidades pobres, esos
riesgos se pueden prevenir. Y con voluntad política, que creo que existe en
este Gobierno, de que el clientelismo no avance.
-¿Preocupa en el Gobierno el tema del clientelismo?
-Absolutamente, absolutamente. Pero a mí me gustaría transmitir un mensaje a
la sociedad, porque yo veo que se hace una descalificación muy superficial
cuando se tilda a la política social de asistencialista. La pobreza mata. Si
nosotros no ayudamos hoy a los 27.000 niños con hambre de Tucumán, va a volver
a suceder lo que ya hemos visto. Ahora hay allí una política muy activa de
protección, caso por caso. Al mismo tiempo, por supuesto, hay que capacitar,
generar oportunidades. En gerenciamiento social se enseña justamente eso, cómo
ayudar hoy en la emergencia al mismo tiempo que se trabaja para el largo plazo.
Y el gobierno está en esa línea.
-No me contestó si nunca había perdido la paciencia.
-Los seres humanos somos una lucha interna permanente pero los valores éticos
están adentro nuestro y nos persiguen a través de eso que se llama conciencia.
-Acaban de darse a conocer los papeles secretos de Mengele. En 1972, más de
30 años después del fin de la Segunda Guerra, no mostraba ni pizca de
arrepentimiento. No todos los seres humanos parecieran enfrentarse con su
conciencia...
-Hay un Mengele, es verdad, unos cuantos Mengeles, pero también una sublevación
del ghetto de Varsovia, y el símbolo universal que quedó para la historia es
que un puñado de jóvenes judíos se atrevió a enfrentar al ejército más
poderoso del mundo. Yo realmente creo que la mayor parte de los seres humanos
son rescatables, son redimibles, siempre y cuando sea satisfecha su sed de ética.
Una sociedad puede cultivar sus valores éticos y algunas están empezando a
hacerlo, se autoexigen. Hay egoísmo y habrá quienes resistirán este cambio si
sienten que toca sus intereses económicos, pero también habrá mucha gente que
luchará para vivir en una sociedad más justa utilizando nuevas formas de
organización social. Volviendo a su pregunta: la historia del género humano es
la historia de la opresión, de la esclavitud, de la explotación, pero al mismo
tiempo es la historia de la lucha contra la opresión, la esclavitud, la
explotación. Ahora sí, le concedo lo de Mengele, no todos los hombres se
enfrentan con su conciencia, hay excepciones, pero la construcción de una
sociedad ética es la tarea de todos los hombres y por eso la sociedad civil
tiene que estar muy despierta.
Por Carolina Arenes
El perfil
EXPERTO
Se lo reconoce en todos los organismos internacionales como el experto que puede
relacionar todas las variables deficitarias (salud, educación, empleo) y
diagnosticar las políticas adecuadas. Asesor del BID, las Naciones Unidas,
UNESCO, OIT y UNICEF, Kliksberg es doctor ?honoris causa´ de cinco
universidades extranjeras y profesor honorario de la de Buenos Aires.
PUBLICACIONES
Entre sus libros se pueden destacar Más ética, más desarrollo, Hacia una
economía con rostro humano, y Pobreza, el drama cotidiano.
Fuente: LA NACIÓN