La Comisión Regional del Medio Ambiente (COREMA)
de la Octava Región de Chile, en el centro del país, ha aplicado como medida
cautelar la inmediata paralización de las obras de la planta de celulosa Itata,
propiedad de Celulosa Arauco
La empresa ya fue forzada a cerrar una primera planta de celulosa
por malos olores en el sur del país.
La planta, que se ubica en el Complejo
Industrial y Forestal Itata, en Nueva Aldea, y que se comenzó a construir el
pasado mes de diciembre cerca de Chillán, la capital provincial, habría
superado la capacidad originalmente aprobada por el estudio de impacto ambiental
que se realizó antes del comienzo de las obras.
Asimismo, y según recoge la prensa chilena, también se ha abierto un
expediente que estudiará la aplicación de posibles sanciones y que contemplará
además el incumplimiento, en la etapa de operación de la planta, de la
modificación del sistema de tratamiento de aguas.
"Aquí no hay empresas ni personas por encima del imperio de la ley",
ha recordado el responsable regional y presidente de COREMA, Jaime Tohá.
"La única forma de medir las actuaciones es con arreglo a la ley y a las
disposiciones legales vigentes y, que este caso, "ese cumplimiento no se ha
producido", ha insistido.
El pasado 3 de diciembre fue aprobada la retirada de material para comenzar a
construir la segunda etapa de este complejo industrial y forestal y la planta de
celulosa desde el cauce del río Itata.
Según una portavoz de la Comisión Nacional de Medio Ambiente, Sandra Barrera,
la propuesta de la empresa consistía en retirar áridos desde cinco islas
ubicadas en el mencionado río. Sin embargo, finalmente fue aceptada la retirada
de material en sólo dos puntos debido a que en los demás existía una
importante población de anfibios y flora que se debían proteger.
Otro elemento considerado en la revisión del proyecto estaba relacionado con el
ruido que se generaría con los trabajos de extracción y por el tránsito
incesante de camiones, lo que afectaba a unas doce familias que habitan en la
zona.
Así, el tránsito de vehículos se realizaría través de un camino alternativo
y si el ruido ambiental sobrepasara lo estipulado en la zona de extracción, se
establecería que la constructora instalara pantallas acústicas. Pese a ello,
las autoridades han decidido suspender cautelarmente las obras a la espera de
conocer si el proyecto cumple con los requistos legales.
POSTURAS ENCONTRADAS
Hasta la fecha, el proyecto de contrucción de la planta de celulosa ha chocado
con la opinión contraria de algunos expertos y grupos de ciudadanos que
consideraban que el impacto ambiental y social de la actividad forestal, en
general y de la fabricación de celulosa en particular, tendría un efecto
devastador en los sistemas de vida locales, así como en el Medio Ambiente.
La 'leyenda negra' de las plantas de celulosa está relacionada con la
posibilidad de contaminación de las aguas con dioxina, un contaminante
ambiental común procedente generalmente de actividades de combustión como la
incineración de residuos que contengan fenol y ácido clorhídrico, la quema de
determinados plásticos o de algunos procedimientos de la industria química.
Por su parte, el sector empresarial se ha esforzado en todo este proceso por
demostrar que la planta de celulosa en Itata representaba un avance tecnológico
que asumiría los posibles impactos en el medio físico y cumpliría con la
normativa ambiental vigente y que se instalaría como un 'buen vecino' en la
comunidad.
SEGUNDO CIERRE
El pasado mes de marzo, Celulosa Arauco fue obligada a clausurar otra de sus
plantas de celulosa en el país, esta vez en la zona de San José de la
Mariquina, en la Décima Región (sur), que había sido acusada reiteradamente
de generar malos olores en el entorno.
Las autoridades municipales alegaron en esa ocasión que era necesaria la
inhabilitación de la obra y la clausura de sus instalaciones debido a que la
empresa no contaba con la patente industrial que se requiere en estos casos.
La clausura fue consecuencia de la apertura de un recurso de protección
interpuesto por un grupo de médicos de la zona y tres sumarios sanitarios aún
en curso, instruidos por el Servicio de Salud provincial.
La empresa fue acusada en varias ocasiones de emanaciones de malos olores
atribuidos a la planta de celulosa, que afectaron no sólo a San José de
Mariquina, sino también a los municipios cercanos de Lanco y Valdivia.
Fuente: Europa Press