Las incertidumbres sobre la asignación de
emisiones en Reino Unido aumenta las controversias del comercio de emisiones en
la UE y hace perder atractivo a las transacciones con el parqué londinense, uno
de los más activos.
¿Faltará Londres en la bolsa europea de
emisiones contaminantes? El pasado viernes saltaron las alarmas cuando Reino
Unido anunció que la denuncia interpuesta contra la Comisión Europea por
establecer límites demasiado exigentes a los Planes Nacionales de Asignación (PNA).
Estos planes constituyen en la práctica el eje para asegurar el funcionamiento
del mercado de dióxido de carbono (CO2), la principal medida puesta en marcha
por la Unión Europea para adaptarse a las obligaciones del Protocolo de Kioto,
el acuerdo internacional de lucha contra el cambio climático.
El plan británico fue uno de los primeros en ser revisados por la Comisión en
julio de 2004. El visto bueno de Bruselas es una condición imprescindible para
que un PNA sea exigible a las empresas que reciben la asignación de CO2.
Dos condiciones
Reino Unido recibió el visto bueno condicionado de la UE. Se trataba de una
aprobación sujeta a que Londres corrigiera su plan en dos aspectos: dar más
información sobre la participación de las instalaciones que se pongan en
funcionamiento entre 2005 y 2008 (los denominados nuevos entrantes) y la inclusión
de Gibraltar en el listado de instalaciones afectadas por el comercio de
emisiones.
El plan corregido optó por una amplia flexibilización de las emisiones
asignadas a los nuevos entrantes, a lo que Bruselas planteó problemas.
Finalmente, aunque Reino Unido formalmente no ha llegado a presentar su plan
definitivo, ha decidido denunciar a la Comisión Europea por fijar límites
demasiado ambiciosos en los planes de emisiones y, en concreto, en el suyo.
Mientras, Londres ha dicho que aplicará su plan inicial (el que aprobó
Bruselas el pasado verano), en lugar del documento revisado que fijó requisitos
menos estrictos para la industria británica y que Bruselas ha rechazado y ha
considerado ilegal. La idea es acometer la asignación de CO2 entre las empresas
a finales de abril o principios de mayo.
Con todo, fuentes de la Comisión Europea aseguran que “Reino Unido ha
aceptado nuestras recomendaciones y va a empezar a funcionar con las condiciones
que ha dicho Bruselas, pero mientras, recurren contra ellas”, informa Antonio
León. Si después el tribunal de primera instancia de la UE da la razón a
Reino Unido, el Gobierno británico corregiría la asignación realizada en
función de su nuevo plan.
¿Qué efectos jurídicos tiene todo esto? “La directiva de comercio de
emisiones deja claro que cada Estado está sujeto a lo que le pida la UE. Si, al
final, Reino Unido incumple sus obligaciones, la Comisión Europea podría
iniciar un procedimiento contra él por incumplimiento del derecho
comunitario”, señala Carlos de Miguel, socio del bufete Uría & Menéndez.
¿Qué pasa mientras la UE resuelve el recurso de Londres? En principio, las
empresas británicas podrán participar en la bolsa de CO2, pero “con la
incertidumbre de no tener un plan definitivo y, por lo tanto, de no poder diseñar
una estrategia de formal compraventa de emisiones. Además, Estados Unidos
encontrará en estas controversias motivos para reafirmarse en su no a Kioto”,
explica un bróker de CO2.
Las incertidumbres procedentes de Reino Unido se sumarían a los problemas
existentes en la bolsa europea de contaminación, relacionados con la poca
liquidez; la limitada puesta en marcha de los registros de emisiones y el alza
del precio de la tonelada de CO2, que ya ronda los 10,70 euros.
De Miguel admite que la postura de Londres “introduce un elemento de
incertidumbre en el mercado europeo de emisiones”. Además, pese al peso de la
bolsa de CO2 en Londres. “puede hacer que las empresas españolas se planteen
menos ir a comprar derechos a las británicas si allí se insiste en aplicar el
plan sin considerar lo que la Comisión Europea les ha exigido”.
España celebra el avance hacia las emisiones per cápita
Por su parte, El Ministerio de Medio Ambiente tiene previsto iniciar hoy el
seguimiento con los agentes sociales de los efectos del Plan de Asignación de
emisiones.
Kioto entrará así en el diálogo social en España, lo que, según el
Ministerio, puede potenciar las oportunidades de creación de empleo
derivadasdel Protocolo. El gabinete de Cristina Narbona valora, además, el
acuerdo alcanzado la semana pasada por el Consejo de Ministros de Medio
Ambiente, en el que se han empezado a plantear objetivos de reducción de
emisiones más allá de 2012, el año del cumplimiento de Kioto.
De momento, se trata de lanzar un debate en el que ni España ni la ningún otro
Estado miembro han asumido un objetivo cuantificado de reducción de emisiones.
Para España, el paso más relevante del acuerdode la UE es el hecho de
haber podido introducir el principio de equidad y de flexibilidad.
Beneficio
Según el Ministerio, esto “puede beneficiar extraordinariamente a España, ya
que permitiría introducir la referencia a las emisiones per capita, que no fue
tomada en consideración en 1997, al acordarse el reparto de cargas dentro de la
UE” para cumplir Kioto.
Como señalan en el gabinete de Narbona, “aunque España es hoy el país de la
UE más alejado del cumplimiento de sus compromisos de Kioto, aún tiene unas
emisiones per cápita inferiores a las de la media de la UE 15. El compromiso de
Kioto entre 2008 y 2012 en la UE de los Quince se sitúa en 10,3 toneladas por
habitante, mientras que el de España es más de un 20% inferior (7,9). Por
ello, una reducción en 2020 del 15%-30% de la emisiónper cápita frente a
1990 conduciría a valores superiores al objetivo Kioto de España para
2008-2012 (entre 9,88 y 8,14 toneladas por habitante).
Fuente: CanalEmpresaSostenible