Un informe publicado por un Comité de
expertos conjunto de la FAO y la OMS advierte que la presencia accidental de
acrilamidas, sustancia contaminante, en algunos alimentos, puede ser motivo de
preocupación sanitaria.
La neurotoxicidad de las acrilamidas en los
seres humanos se conoce a través de casos de elevado contacto laboral o
accidental con estas sustancias, en la producción industrial de plásticos y
otros materiales. En los animales, los estudios también han demostrado que las
acrilamidas producen problemas reproductivos y cáncer.
La elaboración a temperaturas elevadas produce acrilamidas en algunos alimentos
En 2002, un estudio sueco reveló por primera vez la formación accidental de
niveles relativamente elevados de acrilamidas al freír u hornear papas y
productos elaborados con cereales a temperaturas superiores a los 120º C. Este
descubrimiento suscitó preocupación por la salud pública, si bien no había
datos exactos de las repercusiones de la presencia de acrilamidas en los
alimentos.
En 2002, cuando el estudio sueco estaba en sus inicios, la FAO y la OMS
celebraron una consulta especial de expertos para estudiar la información
disponible. Los expertos concluyeron en aquellos momentos que era necesario
hacer una serie de estudios adicionales para evaluar cabalmente la toxicidad y
las repercusiones sanitarias del contacto con las acrilamidas a través de los
alimentos.
Comité de expertos pide seguir evaluando el problema
El Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) se reunió
del 8 al 17 de febrero del 2005 para examinar los posibles riesgos para la salud
asociados a las acrilamidas y a otros cinco contaminantes de los alimentos. El
Comité concluyó que la experimentación con animales ha revelado como efecto tóxico
más importante de las acrilamidas la presencia de cáncer, y que el consumo de
alimentos que contengan este contaminante en las cantidades que se presentan
actualmente puede constituir un peligro para la salud pública.
Esta conclusión se basó en una evaluación moderada, indicó el Comité, y añadió
que falta información exacta sobre el funcionamiento de la toxicidad de las
acrilamidas, y que se hicieron comparaciones hipotéticas de la información más
pertinente obtenida de la experimentación con animales con los posibles efectos
en las personas, y se extrapolaron las evaluaciones del consumo.
Las acrilamidas se forman cuando algunos alimentos, en particular los de origen
vegetal, que contienen una gran cantidad de carbohidratos y pocas proteínas, se
cocinan a altas temperaturas, por ejemplo al freírlos, asarlos u hornearlos,
por lo general a temperaturas superiores a los 120º C. Los principales
alimentos a través de los cuales se entra en contacto con las acrilamidas, de
los cuales hay información de los países, son las papas fritas o crocantes, el
café, y productos elaborados con cereales (de panadería y galletas dulces,
pan, bollos y pan tostado).
La cantidad de acrilamidas puede variar mucho en los mismos alimentos de acuerdo
a algunos factores, como las temperaturas y tiempos de cocción. Por este
motivo, los expertos del JECFA señalaron que no es posible hacer
recomendaciones sobre la inocuidad de consumir determinados alimentos que
contengan estas substancias.
La industria alimentaria busca la forma de reducir el contenido de archilamidas
El JECFA señaló que la industria alimentaria ha informado que está buscando
la forma de reducir el contenido de acrilamidas en diversos alimentos. El Comité
recomendó proseguir esta indagación. Los expertos además señalaron la
necesidad de buscar otros métodos para elaborar los alimentos a fin de reducir
el contenido de acrilamidas, en beneficio de la calidad nutricional e inocuidad
de los mismos, e indagar también la contaminación de microbios y la posible
formación de otras sustancias nocivas. Explicaron que también se tiene que
tomar en cuenta la aceptación del consumidor.
Por último, el JECFA recomendó hacer una nueva evaluación de las acrilamidas
al obtenerse los resultados de los estudios toxicológicos en curso, que estarán
disponibles dentro de dos o tres años. Estos estudios contribuirán a tener
datos más claros para evaluar el peligro que representan estas sustancias.
A partir de esta evaluación, la FAO y la OMS recomendaron proseguir las
actividades para reducir el contenido de acrilamidas en los alimentos. Las
autoridades que velan por la inocuidad de los alimentos en los países deberían
instar a las industrias alimentarias pertinentes a mejorar las técnicas de
elaboración de alimentos para reducir considerablemente la presencia de
acrilamidas en los alimentos críticos, en particular las papas fritas y
crocantes (las papas fritas tipo francés y las de tipo crocante), el café, los
productos de panadería, las galletas dulces, el pan, los bollos y las tostadas.
Las investigaciones preliminares de la industria y otros investigadores parecen
indicar la posibilidad de reducir considerablemente el contenido de acrilamidas
en diversos alimentos. Los conocimientos obtenidos deberían permitir elaborar
orientaciones para los alimentos preparados en casa.
Es más, la información más reciente sobre las acrilamidas confirma las
recomendaciones generales sobre la alimentación saludable: es importante
consumir una alimentación equilibrada y diversa, que contenga abundante fruta y
hortalizas, y moderar el consumo de alimentos fritos o con un alto contenido de
grasas.
Fuente: PNUMA