Alemania se muestra aquí decidida a impulsar un nuevo
campo industrial y tecnológico y a combatir la emisión de los gases
responsables del cambio climático.
Nadie duda de que para que un país pueda
desempeñar un papel relevante no puede depender del hilo umbilical energético
de otras naciones, porque eso lo hace muy vulnerable. Así lo demuestra la nueva
crisis de petróleo tras la guerra de Iraq, los atentados de Arabia Saudí y la
subida de los precios del crudo.
Las tecnologías de las fuentes renovables –para producir electricidad,
generar calor o mover el transporte– están cada vez más contrastadas, aunque
sólo algunas han empezado a abrirse hueco en el mercado de forma clara.
Ciertamente, aún no son una solución inmediata para suplir al petróleo, pero
'este es el camino y hay que recorrerlo poco a poco', dice Manuel de Delàs,
secretario general de la Asociación de Productores de Energías Renovables,
convencido de las ventajas ambientales y, sobre todo, de generación de riqueza
autóctona de estas energías (eólica, solar fotovoltaica, solar térmica,
biomasa, biocarburantes...).
En cualquier caso, las fuentes limpias señalan la dirección del futuro. Lo
demuestra el hecho de que son el sector que más crece. En diez años –entre
1993 y el 2003–, la potencia eólica instalada creció en todo el mundo un
30%, y la de las plantas fotovoltaicas, un 21,5%, porcentajes muy superiores a
los del gas natural (2,2%), petróleo (1,3%), carbón (1%) o nuclear (0,6%).
Otra evidencia es el atractivo que despiertan entre las empresas
multinacionales. Las más importantes petroleras, como BP o Royal Dutch/ Shell,
han invertido centenares de millones de dólares en el desarrollo de energía
renovable. Es cierto que se trata tan sólo de una pequeña fracción del
volumen que dedican al petróleo y el gas. Pero es un paso relevante, dice Janet
Sawin, del Instituto Worldwatch.
Si las energías renovables no son una solución global inmediata es a causa de
los obstáculos políticos, entre otros, con que aún tropiezan, pero no por
razones tecnológicas. Por eso, su despegue definitivo depende de que los
poderes públicos creen mejores condiciones para favorecer este mercado, al
igual que hicieron en su día para propiciar la preeminencia del petróleo o la
energía nuclear, dice Josep Puig, vicepresidente de la asociación europea por
las energías renovables Eurosolar.
¿Y cómo hacer crecer el mercado de las energías renovables? La solución debe
ser crear un campo de juego más equilibrado, puesto que las energías
convencionales (petróleo, gas, carbón o nuclear) se benefician de subsidios
enormes (extracción de la minería o subvenciones a las eléctricas) y, además,
no incorporan en sus precios los costes reales derivados de sus emisiones de CO2
o los daños ambientales.
Pero, dado que los subsidios oficiales son difíciles de eliminar, la solución
que se ha revelado más exitosa –sobre todo en Alemania y España– es primar
las energías renovables, de forma que el sistema eléctrico está obligado a
comprar toda la energía limpia a sus productores (de eólica, solar...),
quienes reciben un incentivo por kilovatio-hora mejor remunerado que el
producido por las térmicas o las nucleares.
'El desarrollo de las energías renovables requiere más voluntad política, una
retribución suficiente y facilitar la conexión a las redes eléctricas, cosa
que ahora no pasa o resulta muy complicado', dice De Delàs. 'La clave está en
movilizar las inversiones y el capital para estas tecnologías emergentes; y eso
requiere fijar un marco de estabilidad en la remuneración de 15 o 20 años',
dice Puig. Y de la misma manera habría que abrir las puertas a quienes producen
biocombustibles con cultivos energéticos (para que los distribuyan en
gasolineras) o de biogás (para introducir en gaseoductos o, comprimido, para
accionar vehículos).
Lo más justo sería una remuneración gradual de las primas para que, a medida
que se desarrollen, se vayan reduciendo los incentivos.
Aun así, la eólica ya es competitiva en precios con las tecnologías más
convencionales, pues desde principios de los ochenta su coste de producción se
ha reducido a una décima parte, mientras que la energía solar fotovoltaica
baja anualmente los costes de producción un 5%, aunque aún es muy alto y
requiere mayor prima para generalizarse. Con todo, de seguir el ritmo de
crecimiento de los 10 últimos años hasta el año 2020, el mundo dispondría de
2,6 millones de MW eólicos y 48.000 MW de potencia solar fotovoltaica: cerca de
un 45% de la potencia prevista para el 2020.
En el ámbito doméstico particular, múltiples trabas complican las instalación
de paneles fotovoltaicos. El ciudadano debe darse de alta como industrial para
poder facturar la energía producida, y los ayuntamientos ponen objeciones
paisajísticas. Lo mejor en este caso es formar cooperativas de productores.
España sólo cumple sus objetivos en la energía eólica
El gobierno del PP aprobó el plan de fomento de las energías renovables en
1998, pero el balance actual de su cumplimiento es insatisfactorio. Las metas
están lejos de cumplirse. Así lo reconoce Javier García Breva, director del
Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). En España,
ha sido notable el desarrollo de la energía eólica, que ha cumplido ya el 50%
del objetivo marcado para el 2010. Los 6.300 MW de poetencia instalados han
convertido a nuestro país en la segunda potencia eólica mundial. Aun así,
estamos lejos de los 12.000 MW de potencia de Alemania.
En cambio, en el caso de la solar fotovoltaica apenas se ha alcanzado un 10% de
la meta trazada. Alemania, en cambio, ha instalado anualmente 10 veces más
tejados fotovoltaicos, a pesar de que es un país menos soleado. El fracaso
mayor es el de la biomasa (restos agrícolas y forestales para producir
electricidad o dar calefacción, o cultivos energéticos para biocarburantes en
el transporte). Esta circunstancia es especialmente grave, pues un 60% del plan
pivotaba sobre este pilar. La causa ha sido lo insuficiente de las primas que
reciben los productores.
En cualquier caso, el gran problema energético en nuestro país es el derroche
de la energía. El consumo de petróleo bate récords en España mientras la
demanda de electricidad creció un 6% el año pasado. Aumentó, pues, a un ritmo
muy superior al del producto interior bruto. 'Este incremento es insostenible.
Lo prioritario debe ser parar el excesivo crecimiento de la demanda eléctrica',
sentencia Javier García Breva. Preocupa, sobre todo, que en España se haya
disparado la intensidad energética. Es decir, usamos cada vez más energía
para producir la misma unidad de riqueza, mientras que en el resto de Europa la
tendencia es justo al revés. La causa es la poca relevancia que han tenido
hasta ahora las políticas de ahorro y eficiencia de energía. Sin embargo
–recuerda Javier García–, cuanto mayor sea la contribución de estas políticas,
menos dependeremos del petróleo y menos emisiones de CO2 generaremos.
Para combatir esta situación, el Gobierno presentó esta semana en Bonn un plan
cuya intención última es incentivar el ahorro y la eficacia energética, y
acabar con las trabas que aún obstaculizan las renovables. El plan incluye,
entre otras iniciativas, la revisión del decreto del anterior gobierno sobre
retribución de las fuentes renovables (el 12 de marzo), para mejorar específicamene
la prima a la biomasa.
Trasponer las directivas
Asimismo, se va a trasponer la directiva para promover la electricidad limpia
con el objetivo de facilitar a los productores las conexiones a la red eléctrica
y dar garantías a los consumidores sobre los certificados de energía 'verde',
esgrimidos normalmente por las grandes compañías con mero ánimo propagandístico
para incitar a consumir más. También se adaptará la directiva comunitaria
sobre biocarburantes para fomentar su uso y paliar así la dependencia de los
combustibles fósiles en el sector del transporte.
Finalmente, la estrategia del anterior gobierno sobre eficiencia energética
–que carece de compromisos concretos– se convertirá en un plan de medidas
urgentes 'para que la cultura del ahorro y la eficacia se instale en los
sectores más consumistas', como el doméstico o la edificación. Un código técnico
de edificación y un reglamento para incorporar la energía solar térmica a la
construcción son algunas medidas previstas. 'Los sectores del transporte y la
edificación tiene un potencial de un 40% de ahorro de energía', recuerda García
Breva.
Fuente: lavanguardia