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| Creación y Fortalecimiento de Sumideros de Carbono |
Procesos ecosistémicos críticos conducen nuestro sistema de soporte vital. Uno de los vínculos más importantes del sistema es la transferencia de carbono entre los organismos y la atmósfera. Este proceso se conoce como el Ciclo del Carbono.
La gran masa de materia viva es agua, el resto está compuesto principalmente de moléculas basadas en carbono (95% o más), incluyendo compuestos usados en la transferencia y almacenamiento de energía.
La energía acumulada se disipa finalmente cuando los compuestos de carbono se oxidan a dióxido de carbono mediante reacciones metabólicas en todos los niveles de la cadena alimenticia.
El dióxido de carbono atmosférico se recicla en compuestos de carbono más complejos a través de las plantas y otras formas de vida autotróficas o autoabastecedoras. Sin embargo, no todo el carbono es rápidamente reciclado.
Una parte se almacena en los sedimentos de los océanos y otra parte en la tierra a manera de biomasa acumuladora de carbono. Por ejemplo, los bosques tienen la capacidad de acumularlo en cantidades significativas en formas durables.
Como regla general, cerca de la mitad del peso de un árbol maduro es carbono elemental. Mientras el árbol está vivo y productivo, remueve más carbono que el que devuelve a la atmósfera. Por esto los bosques se consideran los sumideros de carbono. Los suelos de los bosques más viejos contienen profundas capas de compuestos de carbono en lenta descomposición, las cuales se formaron con el paso del tiempo. Los árboles vivos aportan carbono al suelo con la pérdida de sus hojas, mientras que el aporte de los árboles viejos viene de madera muerta cuando se deterioran o mueren.
La lección es simple: la siembra de árboles puede contribuir a la absorción del carbono atmosférico, pero un almacenamiento de carbono a largo plazo requiere un sistema en el que se pueda acumular material vegetal viejo con el paso del tiempo.
Las actividades del hombre han incrementado la concentración de carbono atmosférico en los últimos 150 años. Existen dos maneras por las cuales nosotros afectamos el ciclo del carbono.
En primer lugar, nosotros agregamos nuevo carbono atmosférico a la mezcla. La generación de energía y otras emisiones de combustibles fósiles liberan a la atmósfera cerca de 6 billones de toneladas de carbono por año en todo el mundo.
Si se compara con la cantidad liberada de manera natural cada año (aproximadamente 100 billones de toneladas), la contribución humana es pequeña.
Sin embargo, el carbono nuevo permanece y se acumula en la atmósfera.
En segundo lugar, el cambio en el uso de la tierra está transformando los sistemas forestales considerados como sumideros de carbono, en zonas agrícolas y urbanas que tienden a ser fuentes de carbono.
Por ejemplo, se estima que la pérdida de bosque tropical adiciona 1 billón de toneladas de carbono por año. Pero lo más importante es que la pérdida de bosques reduce la oportunidad de suprimir el dióxido de carbono de la atmósfera.
El dióxido de carbono es un gas invernadero, es decir que absorbe el calor reflejado por la superficie de la tierra e impide que se escape hacia el espacio.
El equilibrio delicado que se ha desarrollado sobre la tierra permite la coexistencia de una gran variedad de formas de vida. Una escasa conservación de calor convierte la tierra en un planeta frío.
Una excesiva conservación de calor calienta la atmósfera y desestabiliza el clima (con un aumento de eventos climáticos extremos).
La temperatura promedia de la tierra, así como las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono se han incrementado en un pasado distante y reciente.
Con el advenimiento del Protocolo de Kyoto y su reconocimiento sobre el uso de actividades forestales y sumideros de carbono como herramientas aceptables para tratar el problema de la acumulación de carbono atmosférico, el papel potencial de los bosques plantados como un medio para secuestrar carbono ha adquirido un nuevo significado.
Además, la aparición de permisos de emisiones negociables y las compensaciones negociables de carbono estimulan la retribución financiera de los beneficios por reducción en las emisiones de carbono y actividades que contrarrestan la acumulación del mismo.
El secuestro de carbono tiene un valor monetario. Por esto la inversión en bosques plantados (o conservación de bosques) puede realizarse ahora con relación a los productos madereros por sí mismos y los servicios de secuestro de carbono.
Las áreas sin bosques también pueden ser sumideros de carbono. Investigaciones recientes indican que pasturas mejoradas con sistemas radiculares profundos y combinaciones de gramíneas con árboles pueden tener un efecto significativo en el secuestro de carbono.
El análisis económico también ha demostrado que, a ciertos niveles de precios de carbono mundiales, el mejoramiento de pastos para una combinación de secuestro de carbono y producción ganadera, puede ser rentable.
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