La mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) tiene también una historia climática que contar, según relatan investigadores australianos en el último número de «Science»
Muchos organismos tienen variaciones genéticas en algunos alelos, que cambian a través de su extensión geográfica.
Paul Umina, del Centro de investigación de estrés ambiental y adaptación de la Universidad de Monash, en Australia, y sus colegas han estudiado un alelo de la mosca de la fruta que varía de norte a sur a lo largo de toda la costa este de Australia.
Los investigadores encontraron que, al contrario que hace veinte años, las poblaciones sureñas de esta mosca tienen ahora la constitución genética de muchas poblaciones del norte, lo que equivale a un cambio de 4 grados en la latitud.
Esta tendencia se corresponde con el cambio climático en esta región, donde los últimos años han sido más secos y cálidos.
Esto demuestra que el clima es capaz de influenciar la composición genética incluso en especies que están en todas partes y adaptadas a diferentes condiciones climáticas.
Estos resultados revelan el valor del monitoreo genético en la detección de los cambios medioambientales, dicen los autores del estudio. En este caso la mosca de la fruta ha servido de biomarcador del cambio climático.