Si se pudiesen crear versiones artificiales de fotosíntesis, el sueño de
una fuente de energía destinada a la humanidad, limpia y sostenible estaría
cerca
Se acaba de colocar en su lugar otra importante pieza del rompecabezas sobre la
fotosíntesis. Un equipo de expertos ha identificado una de las moléculas clave
que ayudan a las plantas a protegerse de los daños por oxidación como resultado
de absorber demasiada luz.
El hallazgo ha sido hecho por investigadores de la Universidad de California
en Berkeley y del Lawrence Berkeley National Laboratory (LBNL), dependiente del
Departamento de Energía estadounidense.
Los investigadores determinaron que cuando las moléculas de la clorofila en
las plantas verdes alojan mayor cantidad de energía solar de la que son capaces
de utilizar inmediatamente, las moléculas de zeaxantina, un miembro de los
pigmentos carotenoides, trasladan lejos el exceso de energía.
Este estudio fue dirigido por Graham Fleming, director de la División de
Biociencias Físicas del LBNL, y profesor de química de la Universidad de
California en Berkeley, así como por Kris Niyogi, también del LBNL y la citada
universidad. Sus resultados se han dado a conocer en la prestigiosa revista
Science.
A través de la fotosíntesis, las plantas verdes pueden recoger energía de la
luz solar y convertirla en energía química, con una eficacia aproximada del 97%.
Si los científicos pudiesen crear versiones artificiales de fotosíntesis, el
sueño de una fuente de energía destinada a la humanidad, limpia y sostenible,
podría ser una realidad. Un problema potencial para cualquier sistema que recoja
luz solar se presenta en el caso de que el sistema se cargue excesivamente con
la energía absorbida, por lo cual sufrirá algún tipo de daño. Las plantas
resuelven este problema a través de un sistema foto-protector. La energía
excesiva, detectada a través de cambios en los niveles de pH, es probablemente
disipada al ser enrutada de un sistema molecular a otro bajo senderos de
reacciones químicas relativamente inofensivas.
Fleming indica que el mecanismo de defensa es tan sensible a los cambios de
luz, que incluso responde al paso de las nubes sobre la planta. Es uno de los
supremos ejemplos de la ingeniería natural a escala nanométrica. El flexible
sistema de cosecha energética de las plantas consiste en dos proteínas
complejas, Fotosistema I y Fotosistema II. Cada complejo posee antenas
compuestas por clorofila y moléculas carotenoides que ganan energía extra de la
excitación producida al capturar fotones. Esta energía de excitación es
encauzada a través de una serie de moléculas dentro de un centro de reacción
donde se convierte en energía química. Los científicos han sospechado desde hace
mucho tiempo que el mecanismo de foto-protección involucra el carotenoides en el
Fotosistema II, pero, hasta ahora, los detalles eran desconocidos.
Los pasos individuales en el proceso de foto-protección se suceden en
cuestión de picosegundos e incluso femtosegundos. Para identificar estos pasos,
los científicos necesitaron un espectroscopio ultrarrápido, sólo disponible
recientemente.
Los investigadores de Berkeley utilizaron las capacidades de este
espectroscopio para seguir el movimiento de energía de excitación en hojas de
espinaca, las cuales poseen una gran habilidad para inhibir el exceso de energía
solar. Comprobaron que una exposición intensa a la luz solar activa la formación
de moléculas de zeaxantina, las cuales pueden actuar recíprocamente con las
moléculas de clorofila excitadas. Durante esta interacción, la energía es
disipada a través de un mecanismo de intercambio de cargas vinculado a la
zeaxantina.
Para confirmar que la zeaxantina era el elemento clave en la inhibición de
absorción energética, y no algún otro intermediario, los investigadores de
Berkeley realizaron pruebas similares en cepas mutantes especiales de
Arabidopsis thaliana, una planta que sirve como organismo modelo para los
estudios sobre plantas. Estas cepas mutantes fueron diseñadas genéticamente para
sobreexpresar, o no expresar del todo, el gen psbS, que codifica una proteína
esencial en el proceso de protección.
Los trabajos sobre estas cepas mutantes demostraron claramente que la
formación de zeaxantina y su intercambio de cargas con la clorofila eran
responsables de la protección energética. Niyogi comenta al respecto: "Nos
sorprendimos al encontrar que el mecanismo de inhibición energética consistía en
un intercambio de cargas, cuando los estudios anteriores habían indicado que el
mecanismo consistía en una transferencia de energía". Fleming reconoce que los
cálculos realizados en las supercomputadoras del National Energy Research
Scientific Computing Center (NERSC), fueron un factor importante para lograr
determinar la naturaleza del mecanismo de protección energética.