Nuestro
planeta en estos últimos años está sufriendo un proceso de calentamiento
global, ello lo advertimos por las altas temperaturas que se registran y el
anormal comportamiento de la naturaleza que muestra su furia con los ciclones,
las copiosas precipitaciones, sequías,
olas de calor, etc. El hombre, con su accionar contribuye decididamente con este
fenómeno.
Se
llama cambio climático
a la variación global del clima de la Tierra. Es debido a causas naturales y
también a la acción del hombre y se producen a muy diversas escalas de tiempo
y sobre todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones,
nubosidad, etc.
La
acción humana está representada por la emisión de volúmenes crecientes de
gases de efecto invernadero, que aumentan la capacidad de retención de radiación
solar de la atmósfera.
La
Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático
usa el término cambio climático sólo para referirse al cambio por
causas humanas (el párrafo 2 del artículo 1 reza así: "Por 'cambio climático'
se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad
humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la
variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo
comparables"). Al producido por causas naturales lo denomina variabilidad
natural del clima.
El cambio
climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con
predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para
la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a
inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor. En definitiva, el cambio climático
no es un fenómeno sólo ambiental sino de profundas consecuencias económicas y
sociales. Los países más pobres, que están peor preparados para enfrentar
cambios rápidos, serán los que sufrirán las peores consecuencias.
En
consecuencia, aunque existen incertidumbres que no permiten cuantificar con la
suficiente precisión los cambios del clima previstos, la información validada
hasta ahora es suficiente para tomar medidas de forma inmediata, de acuerdo al
denominado "principio de precaución" al que hace referencia el Artículo
3 de la Convención Marco sobre Cambio Climático.
Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático
La aceptación por la
comunidad internacional de las graves consecuencias deribadas del cambio climático,
llevó a la de la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Dicha Convención fue
aprobado el 9 de mayo de 1992. Por medio de ella, los países reconocen que la
contribución humana al efecto invernadero es un problema común de toda la
humanidad y necesita acciones oportunas y decididas para contrarrestarlo. Para
ello, se establece como objetivo de la Convención "la estabilización de
las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel
que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático."
Este objetivo debería lograrse "en un plazo suficiente para permitir que
los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio
climático, asegurar que la producción
de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga
de manera sostenible".
En la Convención se
reconoce que debido a su proceso temprano de industrialización, existe un
conjunto de países que históricamente ha hecho una contribución mayor al
efecto invernadero. Por este motivo se determinó que este grupo de países
(Partes Anexo I) debería tener una mayor responsabilidad y tomar las acciones más
decididas con miras a enfrentar el problema del cambio
climático. La Convención establece
como uno sus principios el derecho al desarrollo sostenible de cada una de las
Partes y reconoce que "todos los países, especialmente en desarrollo,
necesitan tener acceso a los recursos necesarios para lograr un desarrollo económico
y social sostenible".
La
Convención entró en vigor el 21 de marzo de 1994.
El
Protocolo de Kyoto
Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo
de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU (UNFCCC).
El Protocolo entra en vigencia en el año 2005, luego de
que 55 naciones que suman el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero
lo ha ratificado. En la actualidad 129 países, lo han ratificado alcanzando el
61,6 % de las emisiones.
El objetivo del Protocolo
de Kyoto es conseguir reducir un 5,2% las emisiones de gases de
efecto invernadero globales sobre los niveles de 1990 para el periodo 208-2012.
Este es el único mecanismo internacional para empezar a
hacer frente al cambio
climático y minimizar sus impactos.
Para
ello contiene objetivos legalmente obligatorios para que los países
industrializados reducan las emisiones de los 6 gases de efecto invernadero de
origen humano como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso
(N2O), además de tres gases industriales fluorados: idrofluorocarbonos (HFC),
perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).
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