Como
consumo sustentable
se entiende que las necesidades de bienes y servicios de las generaciones
presentes y futuras se satisfacen de tal modo que puedan sustentarse desde el
punto de vista económico, social y ambiental. El consumo
sustentable, propugna el consumo de
productos que no dañen la naturaleza, la reducción de químicos peligrosos, la
sustentabilidad y distribución equitativa de los recursos naturales.
La definición más completa de consumo sustentable es
la propuesta en el Simposio de Oslo en 1994 y adoptada por la tercera sesión de
la Comisión
para el Desarrollo Sustentable (CSD III) en 1995. El consumo sustentable se definió
como:
El uso de bienes y servicios que responden a
necesidades básicas y proporcionan una mejor calidad de vida, al mismo tiempo
minimizan el uso de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones de
desperdicios y contaminantes durante todo el ciclo de vida, de tal manera que no
se ponen en riesgo las necesidades de futuras generaciones.
Durante la Cumbre
de la Tierra en Río de Janeiro, en 1992, el Consumo
Sustentable fue tenido en cuenta como uno de los retos clave para
lograr un desarrollo sustentable, por lo que se convirtió en el elemento
central del capítulo 4 de la Agenda
21.
El Capítulo 4 de la Agenda
21 señala que:
“…la causa más
importante del deterioro continuo del medio ambiente global son los patrones
insostenibles de consumo y producción, particularmente en los países
industrializados…” y menciona que …lograr un desarrollo sustentable
requerirá tanto de la eficiencia en los procesos de producción como de los
cambios en los patrones de consumo… en muchas instancias, esto requerirá de
una reorientación en los procesos de producción actuales y los patrones de
consumo, los cuales han surgido predominantemente de los países desarrollados y
están siendo imitados cada vez con mayor frecuencia en la mayor parte del
mundo, incluyendo a los países en vías de desarrollo.
Este
capítulo es uno de los más contenciosos, no sólo porque apuntó con el dedo a
países ricos, sino también porque los países en desarrollo sostienen con razón
que el desarrollo sustentable no se puede alcanzar en un mundo donde 1,1 mil
millones de personas viven bajo la línea de pobreza. La gran pregunta, que aún
espera ser abordada con seriedad es: ¿cómo puede el mundo satisfacer las
necesidades básicas de todos, sin intensificar el uso de los recursos y sin
seguir dañando el medio ambiente?
El consumo siempre
creciente se ha convertido en una amenaza para el medio ambiente, contaminando
la Tierra, destruyendo sus ecosistemas y reduciendo la calidad de vida en todo
el mundo.
La pobreza y la falta de
recursos crecen a una velocidad alarmante y la disparidad entre el ingreso y el
consumo es una situación presente en todo el mundo y en America Latina los países
de la región padecen cada día los resultados de estas desigualdades
crecientes. Los hombres debemos hacer que nuestros patrones de consumo sean más
equitativos, y los países deben adoptar patrones de consumo sustentable, tanto
en el aspecto social como en el ambiental, basados en una mejor y más
sustentable calidad de vida.
Baste
señalar que los 20 países más ricos del mundo han consumido en este siglo más
naturaleza, es decir, más materia prima y recursos energéticos no renovables,
que toda la humanidad a lo largo de su historia y prehistoria (Vilches y Gil,
2003).
Como
se señaló en la Cumbre de Johannesburgo,
en 2002: “El 15% de la población mundial que vive en los países de altos
ingresos es responsable del 56% del consumo total del mundo, mientras que el 40%
más pobre, en los países de bajos ingresos, es responsable solamente del 11%
del consumo”. Y mientras el consumo del “Norte” sigue creciendo, “el
consumo del hogar africano medio –se añade en el mismo informe- es un 20%
inferior al de hace 25 años”
Estamos,
además, agotando recursos que van a repercutir sobre la vida de las
generaciones futuras. Como afirma la Comisión
Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo
(1988), “estamos tomando prestado capital del medio ambiente de las futuras
generaciones sin intención ni perspectiva de reembolso”.
La
escritora sudafricana Nadine Gordmier, Premio Nobel de literatura, que ha
actuado de embajadora de buena voluntad del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), puntualiza: “El consumo es necesario para el desarrollo humano cuando
amplia la capacidad de la gente y mejora su vida, sin menoscabo de la vida de
los demás”. Y añade: “Mientras para nosotros, los consumidores
descontrolados, es necesario consumir menos, para más de 1000 millones de las
personas más pobres del mundo aumentar su consumo es cuestión de vida o muerte
y un derecho básico” (Gordmier, 1999).
“Un
gran numero de personas en el mundo necesitan consumir más, tán solo para
sobrevivir. Otros muchos deberían hacer elecciones más responsables. Al final,
eso significaría un menor uso de recursos, una disminución en la generación
de emisiones, y se cubrirían las necesidades de la población mundial.” UNEP,
Nairobi.
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